Opinión

El segundo sobre

En medio de la relación de México con EU, López Obrador se alía con las dictaduras de AL

“Bendito México -dijo el presidente López Obrador a Joe Biden en su primer encuentro- tan cerca de Dios y no tan lejos de Estados Unidos.”

Parafraseaba una conocida alerta de Porfirio Díaz sobre el riesgo de la vecindad con la mayor potencia del mundo.

La afirmación a Biden parecía una continuación de la política exterior mexicana hacia Estados Unidos iniciada en este sexenio: López Obrador, con gran pragmatismo, guardó su belicosidad de años previos contra Donald Trump para pactar con él y hacerse su amigo.

El costo fue aceptar muchas condiciones en el T-MEC pero, sobre todo, convirtió al país en la patrulla fronteriza de los norteamericanos con Centroamérica. Un giro lamentable de nuestra tradición diplomática e inaceptable en un gobierno de presunta izquierda.

Pero ahora, de manera inexplicable, López Obrador parece lanzar un desafío y se alía públicamente con las más deleznables dictaduras de América Latina: Venezuela, Cuba y Nicaragua. Amaga con dinamitar la OEA y, peor, se acerca a China.

Lo hace justo cuando Biden ha incrementado la presión contra el coloso asiático: facilitó submarinos nucleares a Australia para limitar la expansión china; posee una confrontación por el calentamiento global y ha tomado acciones económicas que alertan a analistas que se aproxima una nueva ‘guerra fría’.

Estados Unidos comparte con nosotros 3 mil kilómetros de frontera. Ahí residen alrededor de 12 millones de compatriotas, legales e ilegales, que han encontrado el bienestar que aquí les negamos. Contra lo que pasaba antes, los migrantes mexicanos ya no vuelven a su patria: nada atractivo encuentran en hacerlo, Ellos sostienen el mayor -y real- programa de política social del país: envían 45 mil millones de dólares al año a sus familias.

Ese billón de pesos de transferencias directas impidió que la pobreza explotara más el año pasado. Eso explica por qué los estados más pobres -Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Michoacán- no incrementaron sus índices de rezago, pero sí los más industrializados del país.

A los mexicanos allá les fue bien: Joe Biden distribuyó recursos de manera universal, directo a las personas para sortear la pandemia. Ese ingreso extraordinario originó el incremento histórico en las remesas.

Pero además, 8 de cada 10 exportaciones mexicanas van al vecino del norte. Ese es el mayor inversor internacional en México.

Nuestra dependencia energética es brutal. Dos terceras partes del gas y 7 de cada 10 litros de gasolina que consumimos se produce en Estados Unidos.

Reventar a México en un santiamén es una cuestión de decisión política, no de complejidad técnica.

El gobierno de López Obrador carece de resultados. La presión se acumula en todos los frentes: violencia desmedida; regiones enteras en crisis de gobernabilidad; economía destartalada, aumento en la pobreza.

Un viejo chiste decía que cada presidente de México dejaba tres sobres cerrados a su sucesor, para abrir en momentos de crisis y recibir recomendaciones de cómo enfrentarlas:

El primero decía: échame la culpa de todo.

El segundo decía: culpa a Estados Unidos.

El tercero: escribe tres cartas.

López Obrador ya culpó de todo al pasado.

Y hace unos días abrió el segundo sobre.

@fvazquezrig

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