En las plataformas digitales nos enteramos constantemente de trágicos sucesos que conmueven a la sociedad, hechos inimaginables que en verdad duelen en lo más profundo de nuestro corazón.
No hay duda que la realidad supera a la fantasía.
Recientemente leí que en la región de Tehuacán un hombre golpeó y violó a su madre; en esa línea de noticias, un adolescente hizo lo mismo pero con su primo de tan sólo 13 años de edad a quien le transmitió una enfermedad sexual.
Hasta el momento no creemos que un niño, de tan sólo once años de edad, haya asesinado a balazos a su maestra y herido a sus compañeros de salón en una escuela privada de Torreón, Coahuila.
Estos y otros casos reflejan sin duda la pérdida de valores que nos hacen preguntar:
¿Hacia dónde vamos como sociedad?
¿Qué les espera a las nuevas generaciones?
¿Cuál es el límite de la crueldad humana?
Seguramente varios también se preguntan quién o quiénes son los responsables de la degradación social.
Responder a ello sería subjetivo.
El origen de este problema es multifactorial, por ello desde nuestra trinchera debemos poner nuestro granito de arena, sobre todo en el fortalecimiento de los valores humanos: respeto, amor, libertad, justicia, tolerancia, equidad, paz, honestidad, responsabilidad y lealtad.
Como padres de familia tenemos esa obligación y responsabilidad; debemos inculcar en nuestros hijos estos valores que se están perdiendo en la inmensidad de las redes sociales. Sin duda esta es una de las intensas batallas que ahora como jefes de familia estamos librando.
El pasado fin de semana el Arzobispo de Puebla Víctor Sánchez Espinosa, pidió a los padres de familia saber qué hacen sus hijos. Quizá el mensaje es muy simple pero tiene mucho de fondo.
Hay que conocer qué hacen, qué lugares frecuentan, quiénes son sus amigos, qué problemas tienen, qué los aflige, qué necesitan para ser felices, cuáles son sus miedos y sus metas en la vida, qué consultan y publican en sus redes sociales. Es una labor titánica que se complica cuando en el hogar falta la madre o el padre y que se hace más difícil cuando los abuelos o algún vecino están a cargo de ellos todo el día.
Como servidores públicos también tenemos esa enorme responsabilidad y estamos conscientes que es urgente consolidar e incrementar acciones que nos ayuden a fortalecer el tejido social.
Una de mis apuestas desde el Congreso del Estado de Puebla -como representante del distrito 13 con sede en el municipio de Tepeaca- es la integración de las comunidades a través del rescate de las áreas públicas como parques, plazas y jardines.
En el pasado las familias se reunían en estos sitios para convivir por varias horas, hoy esa tradición se está perdiendo.
Por eso desde mi incorporación a la LX Legislatura, he gestionado la instalación de 22 Módulos de Juegos Infantiles en diversas comunidades del distrito, de los cuales 4 estamos por entregar.
Estas acciones son posibles gracias al apoyo del gobierno del estado y de los ayuntamientos, cuyos representantes saben perfectamente que la integración familiar es fundamental para cambiar nuestro futuro.
Las niñas y los niños tienen derecho a la educación y a ser felices, nosotros como padres de familia y servidores públicos estamos obligados a brindarles las herramientas y los espacios necesarios para su pleno desarrollo.
Bien lo dice el filósofo y escritor italiano Mirko Badiale que “sobre cada niña y niño se debería poner un cartel que dijera: tratar con cuidado, contiene sueños”.
Aplaudo que el nuevo gobierno federal haya decidido reincorporar la materia de Civismo, que busca fomentar entre la comunidad estudiantil el respeto a las leyes y desde luego también a nuestros símbolos patrios.
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