Por Alfonso Gómez Rossi
Hace unos días la Congregación para la Educación de los Católicos[1] emitió un documento titulado “Varón y mujer los creó,”[2] la última salve en una andanada de críticas a los movimientos de liberación sexual que han ocurrido en la cultura Occidental desde la década del 60 (Horowitz, 2019).
El documento se emite justo en el mes del orgullo Gay a cincuenta años del comienzo del movimiento de liberación homosexual comenzado en el Bar Stonewall de Nueva York.
Las primeras palabras del texto adoptan un tono sensacionalista: “Cada vez es más claro que estamos enfrentando lo que puede ser llamado una crisis educativa, especialmente en el campo de la afectividad y la sexualidad” (Education, 2019, pág. 3): ¿a qué crisis se refiere el texto?
La crisis, según la Congregación surge a partir de la impartición y aplicación de la teoría de género en las instituciones educativas de algunos países desarrollados.
La teoría de género incluye saberes de las ciencias sociales y las humanidades, como la teoría feminista y la teoría queer.
En la interpretación católica estos saberes posmodernos reflejan un problema ideológico que tiene como trasfondo minar la institución de la familia, al colocar los deseos del individuo por encima del bien familiar (Education, 2019, págs. 3,8).
El documento refleja la crisis ideológica que enfrenta la Iglesia: por un lado asume que existe una manera natural de ser de la humanidad, que es la heterosexualidad, mientras que por otro lado asume que hay personas que violentan esta “naturalidad” al escoger un estilo de vida basado en pulsaciones sexuales (Education, 2019, pág. 9).
Un argumento obvio es que si algo es natural ¿se puede contradecir la naturaleza? Al contradecir esa naturaleza y “escoger” una preferencia se asumiría que se escoge un camino fácil, pero los crímenes de odio y la intolerancia de la sociedad parecen demostrar lo contrario al argumento católico (Ugur, 2019)
El argumento descansa en la noción que ha dominado a la Iglesia católica sobre lo que es natural y lo que es artificial.
Este tema lo hemos explorado en otros artículos, así que no me quiero detener aquí a describirlo a detalle, solo tocaré unos puntos: la creencia católica, sustentada por la Encíclica de AEterni Patris (1879) de León XIII, afirma que el conocimiento católico en el mundo moderno debe sustentarse en el conocimiento desarrollado por Santo Tomás de Aquino (XIII, 1879).
El Doctor Angélico propuso que, aunque hay cosas que no podemos conocer a través de la Biblia, porque los textos no abarcan todo el conocimiento del universo, podemos ver hacia la naturaleza para descifrar como desea Dios que funcionen las cosas.
A partir de esta observación podemos descubrir las leyes naturales y comportarnos de acuerdo a ellas.
La homosexualidad para el aquinate era mala por su interpretación particular de Génesis, pero también porque creía que esta no existía en la naturaleza, ya que las relaciones sexuales sólo se dan naturalmente para procrear (McNeill, 1988, págs. 95-6).
El problema de Santo Tomás y su argumento de lo natural en el mundo contemporáneo es que los conocimientos en humanidades y ciencias sociales asumen que lo que se veía como natural en las relaciones interpersonales es una construcción social que se desarrolló en la cultura Occidental.
Estas modificaciones se lograron a partir de una serie de cambios, negociaciones, crisis y accidentes históricos que, una vez analizados bajo la lupa de las ciencias sociales, no son entendidos como naturales.
Fueron acuerdos en los que las sociedades del pasado estuvieron de acuerdo en aceptar ya sea por los conocimientos limitados de la época o por la fuerza de la violencia. Por ello es por lo que se cuestiona el rol del hombre y la mujer.
El conflicto para la Iglesia es que antes sexo y género eran sinónimos; ahora son dos categorías que de acuerdo al conocimiento actual se contraponen (Education, 2019, pág. 8). El sexo es la biología con la que nacemos, el género la identidad que la sociedad crea en torno a la biología del cuerpo.
Las Iglesias Cristianas conservadoras ven en la sexualidad un problema que aleja al ser humano de Dios. Agustín de Hipona, desarrolló su noción del pecado original precisamente a partir de la acción sexual del hombre y la mujer, después de comer el fruto prohibido, acción que le dio al hombre el conocimiento, pero lo alejó al mismo tiempo de Dios (Génesis 3: 22-23).
Algunos autores sostienen que es precisamente la creencia cristiana sobre lo nocivo de las relaciones sexuales para la sociedad lo que le dio éxito a partir del siglo XIII para controlar a la feligresía (Kueffler, 2006, pág. 2).
El problema para el catolicismo en la sociedad posmoderna es que hay grupos enteros de personas que se definen por lo que les gusta hacer en la cama. Para el cristianismo, esto es anatema. El sexo es bueno sólo para la reproducción, el placer que deriva de él fue la causa del rompimiento con Dios, y que las personas se definan por esto es equivalente a definirse a partir del pecado, aunque la realidad es estos cambios que rechaza ya ocurren con cierta regularidad.[3]
Es por ello que la Iglesia expide el documento “Varón y mujer los creó.” Si Usted cree que no nos compete este documento, está equivocado. Este documento marca los lineamientos bajo los que se deben administrar los colegios y universidades católicas de nuestra entidad federativa.
En 1990 el entonces Papa Juan Pablo II emitió la constitución apostólica Ex Carde Eclesiae, en donde El Vaticano determinó que el currículum de cualquier institución de educación superior que se denomine católica queda subordinada a los dictados del Obispo local, la Santa Sede o la Conferencia Episcopal.
El documento tiene impacto en la manera en la que se educará a los alumnos de las escuelas normales del estado afiliado a órdenes religiosas, la Universidad Iberoamericana Golfo-Centro, la UPAEP, el Instituto Juan Pablo II para la familia, la Universidad Interamericana para el Desarrollo, los Seminarios católicos o la Universidad Anáhuac. El problema será para aquellos alumnos que sean LGBTTI que tengan que padecer esas creencias, y las nuevas generaciones que se formen ahí que satanicen a las minorías sexuales marginadas basado en la concepción de “que es una antropología que va contra la fe y el derecho a la razón” (Education, 2019, pág. 3).
Twitter: @Fofi5
Trabajos citadosEducation, “. a. (2019). Congreagation for Catholic Education (for Educational Institutions). Recuperado el 13 de Junio de 2019, de Educazione Superiore della Chiesa Cattolica: http://www.educatio.va/content/dam/cec/Documenti/19_0997_INGLESE.pdf
Horowitz, J. a. (10 de Junio de 2019). Vatican Rejects Notion That Gender Identity Can Be Fluid. The New York Times, págs. https://www.nytimes.com/2019/06/10/world/europe/vatican-francis-gender-identity-sexuality.html.
Kueffler, M. (2006). The Boswell Thesis: Essays on Christianity, Social Tolerance and Homosexuality. Chicago y Londres: Universidad de Chicago.
McNeill, J. J. (1988). The Church and the Homosexual. Boston: Beacon Press.
XIII, L. (4 de Agosto de 1879). AEterni Patris. Obtenido de La Santa Sede: https://w2.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_04081879_aeterni-patris.html
[1] La Congregación para la Educación de los Católicos es una corporación de la curia romana responsable de supervisar universidades, facultades, institutos, bachilleratos ya sean de adscripción católica o laicas controladas y/o administradas por católicos.
[2] El título se toma de Génesis 1:27.
[3] Escribo oficialmente porque hay una subcultura de sacerdotes y/o hermanos católicos que han roto sus votos de castidad y han sostenido relaciones sexuales con personas de su mismo sexo o con niños, como se ha desentrañado en la prensa en las últimas dos décadas.