Opinión

Las consecuencias de la violencia obstétrica en el 2018

Puebla, la sexta entidad del país con el mayor número de muertes maternas.

Por Alfonso Gómez Rossi

En días pasados, este medio digital proporcionó cifras que son realmente alarmantes en lo que toca a decesos maternos en nuestro estado:

Puebla cerró el 2018 como la sexta entidad del país con el mayor número de muertes maternas, con un total de 30, reportó la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud en su Informe Nacional de Vigilancia. La Razón de Mortalidad Materna Calculada fue de 30 defunciones por cada 100 mil nacimientos estimados, por encima de la media nacional que es de 29.9 (Nuñez, 2018).

Estas pérdidas de vida trágicas tiene varias causales, pero la que nos interesa explorar en este texto es la violencia obstétrica y cómo afecta el bienestar de las madres y sus hijos.

La violencia obstétrica se define como un tipo de coacción ejercida por el profesional médico.

Sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres. Esta clase de violencia se expresa mayoritariamente, aunque no con exclusividad, en el trato deshumanizado hacia la mujer embarazada, en la tendencia a patologizar los procesos reproductivos naturales y en múltiples manifestaciones que resultan amenazantes en el contexto de la atención de la salud sexual, embarazo, parto y post parto (Belli, 2013, pág. 28)

La definición de Laura Belli no deja duda que la violencia se ejerce a partir de un médico y la paciente que busca tratamiento para alumbrar a su hijo.

La diferencia que se da regularmente entre el sexo del especialista y la mujer embarazada conlleva a diferencias en el diálogo médico-paciente que, en ocasiones, hace que la mujer no sea escuchada o entendida por el galeno.

Esto ocurre tal vez porque la información que proporciona la mujer embarazada no encaja en los cánones establecidos por la ciencia médica.

Al no haber un diálogo claro entre el médico y la paciente, se presentan problemas que tienen como consecuencia que la mujer no sea tratada adecuadamente y que en el peor de los casos, se impacte la salud de la parturienta al extremo de que puedan perder la vida la madre y/o su hijo.

Para explicar cómo surgió la violencia obstétrica en la cultura Occidental, tomamos la información del libro titulado La intervención del trabajo social, frente a la violencia obstétrica, escrito de la trabajadora social Nohely López Román, quien narra que no siempre hubo una mala comunicación entre la parturienta y quien la atendía.

En el siglo XVII comenzó la obstetricia con el surgimiento de los primeros parteros, que como requisito de su formación, debían ser educados en las universidades (López Román, 2018).

El surgimiento de la obstetricia eliminó a las parteras y los saberes tradicionales, que fueron descalificadas por la ciencia como superstición.

A las parteras se les comenzó a tachar de mujeres no educadas y siniestras que tenían más en común con hechiceras que con mujeres “decentes” (López Román, 2018). Comenzó una “caza de brujas” por parte del Estado, las Iglesias y el estamento médico que desprestigiaron el oficio de “comadronas”, prohibiéndoles emplear sus conocimientos para curar y atender alumbramientos (Ehrenreich, Bárbara y Deirdre English, 1973, pág. 15).

Los únicos autorizados para intervenir en el proceso del parto y en el cuerpo de las mujeres, eran caballeros profesionales con estudios acreditados por las universidades (Ehrenreich, Bárbara y Deirdre English, 1973, pág. 16).

Una de las consecuencias que acarrearon las distintas Revoluciones Industriales en los siglos XIX y XX, fue que grandes porcentajes de la población del campo se mudó a las grandes urbes, donde fueron condicionados a ejercer nuevas prácticas sociales y sobre todo sanitarias. La que nos interesa en este artículo es que se volvió obligatorio que los nacimientos se llevaran a cabo en hospitales (Encyclopedia.com, 2001).

En 1970 diversas organizaciones feministas comenzaron a promover la creencia de que la mujer tiene el derecho a escoger un parto natural, ello para apoyar la situación emocional de la mujer en aquel trance (López Román, 2018).

A este movimiento se le denominó “poder obstétrico” y afirma que la mujer que está en proceso de parto es la que mejor conoce su condición psicológica y fisiológica durante el trance (Ehrenreich, Bárbara y Deirdre English, 1973, págs. 1-2).

Sin embargo, en el esquema actual mexicano, pareciera que lo que la mujer sabe y siente durante el embarazo no tiene importancia, hasta que no sea un profesional de la medicina quien le otorgue valor a la situación, respaldado por los conocimientos de su profesión (Ehrenreich, Bárbara y Deirdre English, 1973, pág. 1).

El problema que creó esta situación no es menor: se le restó poder a la paciente que necesita ser definida por la visión del médico y el historial que elabora sobre Ella.

Ello significa en ocasiones que la falta de comunicación y la arrogancia de algunos integrantes del estamento médico respecto a sus métodos, conduzca a desenlaces siniestros como la muerte de las pacientes.

Si el lector cree que se exagera con este tema, consideremos que desde el 2017 la CNDH exigió “la capacitación y sensibilización a todo el personal de salud en el estado para evitar la muerte materna” (Nuñez, Por violencia obstétrica recibe Puebla recomendación de CNDH, 2018), y que en el 2016 se trató de aprobar una ley que criminalizara la violencia obstétrica en nuestra entidad federativa que fue ignorada:

La iniciativa llamada Ley contra la Violencia Obstétrica que se presentaría en el paquete tendiente a cumplir con las recomendaciones para erradicar la violencia de género, fue eliminada una vez que se criminalizaba a médicos y enfermeras, ya que las penas irían de tres a seis años de prisión, pero la propuesta solo quedó en un borrador que no será discutido (Intolerancia, 2016).

La consecuencia de ignorar la violencia obstétrica ha significado la muerte de madres poblanas y nos obliga a cuestionar un sistema político estatal que—a la fecha—ignora los derechos de la mujer y sus hijos, para privilegiar al estamento médico y sus intereses particulares.

Si desea profundizar sobre el tema, el libro de la Licenciada en Trabajo social, Nohely López, hace un análisis concienzudo sobre la violencia obstétrica, enfocándose en una de las poblaciones más vulnerables de Puebla: las prisioneras que están embarazadas y que descubren sus derechos como madres frecuentemente violentadas por una sociedad que tiene poco interés en las dificultades que sobrellevan.

Twitter: @Fofi5

Referencias

Belli, L. (2013). Violencia obstétrica. La revista red bioética de la UNESCO año 4 no.1 vol. 7, 25-34.

Intolerancia. (7 de Agosto de 2016). Borran la iniciativa Ley contra la Violencia Obstétrica. e-consulta.com, págs. http://www.e-consulta.com/medios-externos/2016-08-07/borran-la-iniciativa-ley-contra-la-violencia-obstetrica.

López Román, N. I. (2018). La intervención de Trabajo Social, frente a la Violencia Obstétrica: Condiciones de atención, durante el embarazo en prisión. Riga: Publicia.

Nuñez, E. (25 de Enero de 2018). Por violencia obstétrica recibe Puebla recomendación de CNDH. e-consulta.com, págs. http://www.e-consulta.com/nota/2018-01-25/salud/por-violencia-obstetrica-puebla-recibio-recomendacion-cndh.

Nuñez, E. (29 de Diciembre de 2018). Puebla cierra 2018 en sexto sitio con más muertes maternas.e-consulta.com, págs. http://www.e-consulta.com/nota/2018-12-29/salud/puebla-cierra-2018-en-sexto-sitio-con-mas-muertes-maternas.