Opinión

Juegos tradicionales

Los tiempos cambian. Tener presente el pasado para vivir ahora.

Recuerdo perfectamente esos tiempos donde podía jugar con mis amigos hasta muy noche, sin tener que pensar en si algo malo pasara. Las calles estaban seguras, niños corriendo y gritando de alegría. Un balón, una bicicleta y unas canicas los hacía felices, tanto que no querían llegar a casa porque gustaban de estar jugando, que ni de la tarea se acordaban.

La lotería, las escondidas, las carreritas de los más veloces, el trompo, la cuerda, así como la gallina ciega representaron esa etapa de niñez para muchos, aunque es de especificarse que de acuerdo al lugar y contexto cambian los nombres de los juegos, ya que cada sociedad le otorgó un concepto distinto.

No se olvidan las famosas rondas que se hacían bailando y cantando a la vez, los diálogos de cuentos e historias de terror, leyendas y mitos. El testigo principal fue la noche y un lugar perfecto para poder contarlo.

Para muchos la calle representó gran parte de la vida cotidiana, unos tuvieron la oportunidad de hacer muchos amigos y de conocer la verdadera amistad, otros disfrutaron del compañerismo. Quienes vivieron esos momentos pudieron divertirse tanto en la ciudad como en las comunidades rurales.

Tampoco estoy hablando de mucho tiempo atrás, ni de los setenta, ni mucho menos de los ochenta. Sino más bien de la época noventera, de los niños que hoy son jóvenes y adultos que han formado una familia, unos estudiando y otros explorando.

Algunos tuvieron papás muy estrictos, quienes se preocupaban siempre por su educación. Por motivación de la familia encontraron su camino en la medicina, en derecho, arquitectura, o la docencia, pensando en cambiar un poco la mentalidad de la sociedad. Pero también podemos mencionar, de esa generación no todos pudieron estudiar, unos están lejos de su tierra, de su país, buscando mejores oportunidades de vida.

Hoy el tiempo y el espacio es distinto, la historia ha cambiado, ya no están esos juegos tradicionales, o quizás algunos todavía lo practican. Sin embargo esos niños de los noventa ya crecieron, por lo que ya no juegan, ahora se enfrentan a la realidad de su país, quedó atrás la niñez y es momento de entrar en los roles de la vida. Quizás alguno haya guardado el trompo o el valero como de recuerdo para sus hijos.

Sin embargo, en la actualidad esta generación tiene su tablet, teléfono celular y videojuego moderno para jugar, o el whatsapp para dialogar con amigos y conocidos. Aunque, es de señalarse que no todos cuentan con estas posibilidades. En cambio observas que en las escuelas son los niños y jóvenes quienes llevan lo más moderno en tecnología, y quienes saben de los juegos más novedosos del momento.

Este texto no es una aportación para regresar al pasado, ni mucho menos para que obliguemos a los niños a jugar de esa manera, muchos dirán que sería conformarnos y no avanzar, otros comentarán que fueron buenos tiempos. Sin embargo, cada quien tiene su etapa, su época y la forma en como experimentó su niñez.

En este tiempo, la forma de distraerse y de vivir es distinta, puesto que es otra época donde la tecnología y los medios de comunicación influyen mucho en los pensamientos y acciones de algunos.

El 2018 en medio de elecciones y de política, suena interesante recordar y reflexionar un poco sobre esa forma de vida en la cual muchos crecieron. Es para olvidarse por un momento de lo que está allá afuera, es decir, de los spots políticos, de las canciones creadas por los partidos, de la información que transmite la radio, de los anuncios publicitarios, de lo bueno o malo que han hecho los candidatos. Esta aportación es solamente para reflexionar un poco, pero sobre todo para que cada quien tenga una opinión propia.