Inició el ciclo escolar con nuevos propósitos, con nuevas metas y con ideales. En las papelerías, zapaterías y demás centros comerciales se observa a los padres comprar útiles escolares, libretas, colores, juego geométrico, mochila, zapatos, uniformes, gastos excesivos para que los niños tengan todo en el aula y no les falte nada ni mucho menos pidan prestado al compañero de lado.
Educar genera gastos, educar es destinar el tiempo necesario para inscribir a los niños, por lo cual ir a la escuela es organizar ese tiempo para no dejar los paseos, idas al cine, al café o practicar algún deporte. Comienza otro ciclo escolar y a su vez el estrés de las tareas, de la carga excesiva de trabajo, de las planeaciones didácticas elaboradas por el docente para dar una mejor clase, para los padres de preparar el desayuno a los hijos así como lo que se llevará a la escuela y tenga que comer en el recreo.
Del mismo modo se rompe con la rutina de levantarse tarde y estar en familia platicando, viendo tu programa favorito, las noticias, terminando de leer un libro más. De conocer un nuevo sitio, visitar museos, de ir a la playa o laguna. Así como también dormirse hasta tarde por estar mandando mensajes al novio y a los amigos.
Es así como concluyen las vacaciones para dar paso a la rutina del trabajo, de la escuela, de cargar los libros, de forrar las libretas, de hacer las tareas, de escuchar al docente, pero también de conocer y hacer nuevos amigos.
Con ello viene la incertidumbre, la emoción y la inquietud de quién será el nuevo maestro, ¿quién impartirá español, quién matemáticas, quién ciencias? Hay nervios por parte de los alumnos puesto que se preguntan: ¿Cómo será mi maestro? ¿Será enojón, regañón, estricto, alegre, bromista?
De ese modo tanto niños y jóvenes que se incorporan nuevamente a la escuela, como los de nuevo ingreso, reflejan en sus rostros inquietud, asombro, alegría y sueño ya que durante las vacaciones se acostumbran al ritmo de vida, de la inexistencia, de tareas y de las lecturas.
Con la escuela son principalmente los maestros los que se preocupan qué enseñarán en este ciclo escolar debido a los cambios en cuestiones pedagógicas y didácticas con los nuevos programas que ahora se están estableciendo para conseguir una educación de calidad.
Una educación de calidad con el propósito de que cada asignatura pueda formar personas responsables y comprometidas, que se interesen por aprender, por conocer, por opinar, dialogar y discutir, pero también personas con un sentido reflexivo y de análisis, con la finalidad de que no solo les sirva en la cuestión académica sino también para la vida.
Esto y más son objetivos y propósitos de la reforma educativa, asimismo, ¿cómo le haremos para conseguir eso? ¿De qué manera se obtendrá? Sabemos que hay una ausencia de valores, son los niños y jóvenes quienes ya no respetan a sus padres, ahora son ellos los que mandan, ya no hay autoridad por parte de mamá y papá.
Ya no hay respeto para el maestro, ya no es la figura del saber y del conocimiento, ¿qué está pasando en las aulas? ¿Qué sucede en la sociedad? La tolerancia, la puntualidad, la justicia, la responsabilidad así como la sinceridad son algunos ejemplos de valores que hoy en día muy poco se tiene.
¿Cómo educar desde la sinceridad? ¿Cómo decirles un listado de valores a los alumnos en el siglo XXI? Llevarlo a la práctica será complicado, puesto que nos enfrentamos a la dinámica de la sociedad. Por lo tanto el trabajo es también para la familia, para los padres, para los vecinos, para el círculo de amigos.
No solo la escuela es la encargada de forjar los valores, también es la sociedad, las instituciones y autoridades políticas. Es trabajar de inmediato ante los cambios que se presentan, políticos, económicos y sociales.
Es procurar rescatar lo que muy poco se ve, pensar en lo mucho que hay por hacer en esta sociedad en decadencia, donde son cada vez menos lo que quieren y tienen la oportunidad de estudiar, pocos los que quieren leer y muchos los que prefieren ver su novela favorita.
La ausencia de valores implica que no haya interés ni el compromiso en la familia, en la escuela y en la calle. Si el objetivo es fomentar una conciencia en los niños y jóvenes, el trabajo se duplica en las escuelas debido a que no solo es el maestro quien tiene la responsabilidad de formar al ciudadano del mañana sino más bien somos todos. Por lo tanto hoy queda pensar: ¿Qué estamos haciendo como sociedad? ¿Acaso nos preocupamos por concientizar en un valor? Quizás sea así y se reflejará con el tiempo.