Las peleas en las graduaciones de tres preparatorias católicas en México indican que existe una crisis en las maneras de comprender la masculinidad.
Parece que en los últimos dos años se ha vuelto costumbre en los colegios o institutos católicos del centro de México agarrarse a golpes en las graduaciones: en junio del año pasado el Instituto México, Campus Estrella de Sur en Puebla protagonizó un zafarrancho en su graduación de preparatoria por una serie de malentendidos que si no hubieran sido trágicos por sus consecuencias, serían cómicos (https://www.elsoldepuebla.com.mx/policia/graduacion-inicia-en-fiesta-y-termina-en-tragedia-en-puebla) .
Este año dos instituciones educativas bajo la supervisión de la Legión de Cristo en la Ciudad de México (el Colegio Irlandés y el Cumbres), consumaron una pelea entre los alumnos y guardaespaldas de los estudiantes en la graduación que organizó el Cumbres en un recinto de la Expo Santa Fe.
Aun se cuestiona la veracidad de la última nota reseñada en las últimas líneas, ya que nadie llamó al 911 y los directivos de las escuelas han tratado de acallar el incidente que dio a conocer Carlos Loret de Mola, tomando información del muro de la señora Rocío González (http://www.huffingtonpost.com.mx/2017/06/19/cumbres-vs-irlandes-alumnos-legionarios-en-una-rina-como-de-can_a_22490544/).
Aquí el lector podría esperar que condene las acciones (acción que hago enfáticamente), y escriba un largo panegírico sobre cómo se han perdido los Valores en la sociedad, más aun cuando se trata de tres instituciones católicas que atienden en Puebla y la Ciudad de México a familias católicas conservadoras, que--a través de estos hechos--dejan traslucir la hipocresía de sus hijos, que no aplican los principios que en teoría debieron enseñarles sus maestros de “poner la otra mejilla” si los agredían (Mate 5:38-42 y Lucas 6:27-31).
No nos interesa cuestionar el desempeño de las enseñanzas morales de esas escuelas, ni los bríos juveniles de los varones que ahí estudian; lo que queremos explicar tiene que ver más con la masculinidad y cómo se entendió en México durante el siglo XX.
Tal vez se pregunte ¿qué? ¿Ser hombre no ha sido siempre igual?
La respuesta sería un no rotundo.
México, como parte de la cultura Occidental asumió las posturas y dictados de lo que era ser hombre desde la antigüedad y esta comprensión de lo que es ser varón ha cambiado con el tiempo.
Mientras que hoy en día se asume que el hombre está más cercano a su “naturaleza animal” (macho) y que es por ello más difícil de controlar, en la antigüedad, la Edad Media, y el Renacimiento se asumía que el varón que se preciaba de ser Hombre era aquel que ejercía a través del intelecto, la razón y la sensibilidad control sobre esas pasiones “animales.”
Un ejemplo de la Antigüedad: Existía el hombre y el ideal aristotélico que era el hombre virtuoso. El hombre por naturaleza no era bueno: Aristóteles proponía que los jóvenes estuvieran expuestos a buenos ejemplos que reafirmarían los valores correctos de un ciudadano.
Posteriormente, en el medioevo, se asumía nuevamente que el hombre afectado por el pecado, siempre escogería el mal, si no contaba con la gracia divina para ayudarlo a tomar las decisiones correctas, por lo que era necesario corregir su conducta exponiéndolos a buenos ejemplos y, en caso de que eso no funcionara, se usaría la violencia para evitar que saliera “la naturaleza” pecaminosa de los individuos.
A partir del siglo XVIII surgió un pensamiento que parecería aplicar a los alumnos del México (Estrellas de Sur), Irlandés y Cumbres; la creencia de que el ser humano es esencialmente bueno, y que para desarrollar su bondad sólo es necesario dejar que el niño o el joven siga su naturaleza.
Este argumento comenzó a minar la idea de la necesidad de la educación en ética y moral, ya que la bondad innata del individuo podría ayudarlos a escoger lo bueno de lo malo.
Desde el siglo XIX el Estado mexicano determinó que no era necesaria ya una institución cristiana que les recordara a las personas que a pesar de ser creados buenos por Dios, el pecado los había vuelto malos.
El individuo--supervisado por el Estado y la sociedad--limitaría su conducta porque su esencia naturalmente buena sería la que se encargaría de medir los límites hasta los que se puede llegar empleando a la vez que el empleo de la razón, lo guiaría a tomar las mejores decisiones.
Este pensamiento que hablaba de una naturaleza humana buena combinada con el uso del raciocinio, entró en declive en Europa después de las dos primeras guerras mundiales e hizo cuestionar este tipo de filosofías.
Desafortunadamente en México, no hemos cuestionado el paradigma de la bondad natural de las personas.
Los juniores y mirreyes que se agarraron a golpes en Puebla y la Ciudad de México son hijos de familias que probablemente justifican las acciones de sus hijos con un argumento que se resume a que son “buenos”.
Si son buenos, no hay nada que hacer con ellos, no hay crecimiento… Su “naturaleza bondadosa” no necesita ser reformada, ya que ellos no son el problema; son los otros que en ese talante son “malos” ya que provocaron a sus hijos buenos: probablemente no se le escapa al lector el pensamiento circular que conlleva este razonamiento.
Necesitamos cuestionar el paradigma de la bondad mexicana de los jóvenes y retornar a la creencia de que se debe educar a nuestros hijos para que aprendan a vivir y conocer conductas virtuosas dejando atrás los discursos que nos están conduciendo a un México más violento y una masculinidad orgullosa que busca identificarse con “su parte naturalmente animal.”
Twitter: @Fofi5