Opinión

Los orígenes del mesianismo iberoamericano

Una reflexión para las elecciones mexicanas del 2018. Antecedentes en la España del s. XVI

En las últimas elecciones de Estados Unidos enfrentamos un fenómeno que de acuerdo a las teorías sobre la modernidad no debería existir: el mesianismo político.

Donald Trump arrasó en las elecciones en parte por el hastío de una población blanca de clase media estadounidense que, desde la década del 70, ha visto disminuida su influencia y poder adquisitivo.

Trump representaba un cambio que reiteraba el mensaje que los Estados Unidos aprendió desde la primera mitad del siglo XIX y que la historiografía moderna conoce como el “Destino Manifiesto,” la creencia de origen calvinista de que Dios señaló a los Estados Unidos desde el principio de los tiempos como el país que llevaría la luz de la civilización al hemisferio occidental, acallando o eliminando aquellas culturas que fueran la antítesis de la cultura anglo-sajona.

En las próximas elecciones de México veremos candidatos que prometen también hacer cambios dramáticos que poco tienen que ver con la realidad económica y social actual, pero que rezumban de discursos teleológicos con un mensaje de mejoría en todos los aspectos que puedan satisfacer a los ciudadanos mexicanos, aunque esto sea posible sólo en parte.

Según el investigador argentino Walter Mignolo (docente de la Universidad de Duke), para comprender a la modernidad es necesario reflexionar sobre los comienzos de la misma, momento que él sitúa en la península ibérica del siglo XVI y no en la Inglaterra, Francia o Alemania del siglo XVIII.

Si es verdad su aseveración ¿cuáles son los orígenes modernos del mesianismo político latinoamericano? De acuerdo a nuestra estimación son dos momentos que ocurrieron a partir de los fracasos políticos de la Casa de Austria (1555-1700): uno ocurrió en Portugal y el otro en los reinos de la Casa de Austria.

El primer caso que estudiamos es el del Sebastianismo de Portugal, para analizar el momento así como los deseos de los súbditos de la Corona Lusa. En 1578 el penúltimo rey de la Casa de Aviz, Sebastián (1557-1578) pereció en la Batalla de Alcazaquivir sus antiguos súbditos no pudieron aceptar el deceso del monarca que al fallecer, le legó el trono a su tío el rey cardenal Enrique que fallecería dos años después sin herederos, al no poder casarse con una princesa de la Casa noble de Braganza, por su estado eclesiástico.

La muerte de los últimos monarcas portugueses dejó paso a que sucediera Felipe II de España.

A pesar de que no era el único candidato con derechos sucesorios al trono de Portugal, era el que logró a través del pago de dineros a la nobleza lusa, la que aceitó su aceptación por parte de los portugueses con la condición de que se respetara la autonomía de Portugal y ese reino no quedara supeditado a Castilla.

A pesar de la promesa filipense, el pueblo llano de Portugal no quedó satisfecho con estos hechos, y a los pocos años comenzaron a surgir movimientos espirituales que estaban “inconformes con la situación política y una expectativa de salvación religiosa” y con la esperanza/creencia de que como la mayoría de los portugueses no habían visto el cadáver del joven monarca, este seguía vivo y sólo estaba esperando el momento justo para regresar a su trono para reestablecer el orden político, social y económicos “correctos” alejando a la Casa de Austria del trono de Lisboa.

El movimiento se disolvió gradualmente hasta perder fuerza a la independencia del reino luso en 1640, pero el movimiento cruzó el Atlántico y en la región de Bahía (Nordestinas, Brasil), también existieron movimientos sebastianistas.

Si Felipe IV (1621-1665) de España perdió el trono portugués, sería su viuda y sobrina Mariana de Austria (1665-1675) la que presidiría de manera involuntaria el primer movimiento mesiánico español de la edad moderna, ya que por la creencia generalizada de que la regencia que ella encabezaba en beneficio de su hijo Carlos II era ineficiente y causante de las pérdidas que España estaba experimentando a manos de Luis XIV, rey de Francia (1638-1715).

A pesar de que Felipe IV había presidido ya la decadencia del otrora grande imperio español, la tolerancia del pueblo con la reina regente no era elástica, y se le achacó que la mala administración que llevaban ella, su confesor—Everardo Nithard S.J. y posteriormente de su valido Fernando de Valenzuela-- hicieron que la causa de su hijastro y primo don Juan José de Austria cobrara favor entre el vulgo.

John D. Bergamini en su estudio sobre los Borbones españoles afirmó que el ascenso de Juan José de Austria sentó el precedente de los futuros dictadores que experimentaría España e Hispanoamérica en los siglos XIX y XX, que para ascender al poder alegaban que las aspiraciones de todos quedarían satisfechas, promesas que no cumplirían una vez que ascendían al poder.

Ambos casos son importantes para explicar los orígenes de los movimientos mesiánicos de Latinoamérica, en ambos casos las esperanzas puestas en los líderes de los movimientos fracasaron, tema que nos da a pensar qué tan realista es esperar todo lo que prometen los candidatos a la elección presidencial del 2018.

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