En palabras pronunciadas en su reciente visita –acompañado por los secretarios mexicanos de Gobernación, Hacienda y Relaciones Exteriores- el Secretario de Seguridad Interior de los Estados Unidos, John Kelly, señaló lo siguiente: “No habrá deportaciones masivas ni las fuerzas armadas participarán en las mismas. Habrá deportaciones conforme a derecho, respetando los derechos humanos y solo contra los criminales”.
Como postura oficial era creíble ese discurso, máxime si tomamos en cuenta que Kelly había sido general del cuerpo de los Marines, responsable del Comando Sur de Estados Unidos (2012-2016), y responsable estadounidense también de temas tan variados como la ayuda en desastre naturales, combate al narcotráfico y entrenamientos militares en América Latina y el Caribe. Su formación y su amplio conocimiento de nuestro país y de la importancia del comercio entre su país y el nuestro, sus palabras sonaban lógicas y coherentes; pero no pasaron sólo de los buenos deseos, a manera de un bálsamo fugaz de tan sólo cinco minutos, pues casi terminaba de hablar aquí en México, cuando allá, del otro lado de la frontera –donde quiere construir su muro-, por la prensa nos enteramos que su Jefe, el presidente norteamericano, Donald Trump, había expresado en una reunión en la Casa Blanca con ejecutivos industriales su verdadera visión: “por primera vez estamos expulsando hombres realmente malos, pandilleros, traficantes. Es una operación militar”.
Según se supo, en realidad Trump espera un informe detallado de toda la ayuda que recibe México, para conocer montos y programas para, así, decidir si no es mejor utilizar todos esos recursos para iniciar la construcción del muro.
Ese lenguaje contrastante y contradictorio es lo que mantiene en vilo la comprensión de lo que pasa. En el pasado reciente, al hablar los secretarios de Seguridad Interior y de Estado de los Estados Unidos y fijar una postura cuando visitaban México, se sabía que su discurso representaba la política oficial de su país y coincidía con las decisiones de su presidente.
Dicho discurso significaba que la política exterior de nuestro vecino del norte, provenía efectivamente de la Secretaría de Estado y su máximo representante dictaba de forma clara lo que Estados Unidos pretendía en el plano internacional.
Empero, ahora que Rex Tillerson estaba en México en un “viaje duro” –en palabras del propio Trump-, y quien vino en un esfuerzo de las dos naciones por aproximar posiciones y tratar de recomponer las relaciones, sólo atinó a señalar: “confío en que continué el diálogo entre ambas naciones, donde se debe poner un alto al flujo de armas y drogas en la frontera, continuar los intercambios estudiantiles entre ambos países y tener un intercambio productivo por el bien de una mayor prosperidad”.
Sin duda tales palabras generan vaguedad en momentos de tensión. Acaso quizá por la incertidumbre generada por los tuitazos de su presidente, y que se han vuelto costumbre de conducción política; o porque tal vez en realidad quienes llevan la política exterior son el yerno del propio Trump y su asesor Steve Bannon. Como quiera que sea, todo ello es dramático para nuestro país.
El canciller Videgaray por su parte comentó la necesidad de continuar con diálogo y trabajo continuo, con un trabajo integral, donde no se tocó el tema del muro y refiriéndose a los migrantes pidió defender sus derechos.
Los buenos deseos de esa reunión no pasó de eso, rayando más en un drama con olor de tragedia que en una postura oficial de clarificación. Los pronunciamientos diplomáticos más pronto que tarde, ya están siendo descalificados por Trump. Nuevamente dará el caballazo otra vez a México cuando participe en la CPAC (Conservative Political Action Conference) y diga por enésima vez que nuestra país pagará el muro, que enviará a nuestro país a todos los “bad hombres” que no quieren (sin importar su nacionalidad) y lo que hoy se haya dicho y acordado en tan “dura” reunión, pasará como un “alternative fact” más, de un gobierno que nadie entiende, por lo visto ni siquiera sus propios secretarios.
Importante y triste, eso es lo que ocurre hoy, no importa los acuerdos que se tomen en estas reuniones oficiales (y oficiosas), sólo lo dicho por Trump –y dependiendo de su momento anímico y visceral-, deberá tomarse en cuenta. Parafraseando a un personaje de la picaresca mexicana, “lo único seguro es que quién sabe”. Y así, en ese horizonte borrascoso, caminamos a tientas, esperando el siguiente caballazo que quién sabe por dónde nos golpeará.