Por motivos personales tuve que viajar a la ciudad de Tucson el fin de semana pasado. Fue mi primer viaj a Estados Unidos después del triunfo de Donald J. Trump.
No faltaron bromas por parte de amigos preguntándome si podría o no cruzar el muro, como si este se hubiera construido automáticamente al comenzar la presidencia de Trump.
A pesar de que sólo han sido unos días del nuevo mandato, amigos y familiares se sentían incómodos pensando que un personaje como Trump detenta el poder Ejecutivo del vecino del norte, y que esto inevitablemente simboliza un cambio de actitudes por parte de los estadounidenses hacia los mexicanos.
Lo que llamó la atención cuando salí del aeropuerto, fue contemplar ondeando a la par las banderas de Estados Unidos, México y Arizona… una vista que alegró mi mirada.
No puedo dejar de reflexionar, como parte de la “Generación X” mexicana, educada hasta la saciedad en la década del 90 sobre cómo el Tratado de Libre Comercio (TLC) era el futuro de México, las políticas de Trump le dan un carpetazo a la visión del futuro que aprendí.
Tucson es un lugar interesante para analizar las políticas del nuevo gobierno estadounidense y sirve para reflexionar sobre los actores y la cultura local como factor de cambio en las relaciones entre ambos países.
Tucson es una ciudad estadounidense fuertemente influida por nuestros compatriotas mexicanos: la ciudad toma como origen la fundación de un fuerte novohispano por un soldado irlandés nacionalizado español de nombre Hugo O’Connor en 1772 (http://hubpages.com/education/Hugo_OConor).
Paralela a la fundación del fuerte se había fundado una misión por parte del Padre Jesuita, Eusebio Kino en la ladera del acantilado Centinela (actualmente conocida como “A Mountain”).
Cuando México perdió los territorios de Arizona, California y Nuevo México, la región al sur del río Gila continuó siendo parte del estado de Sonora, hasta que James Gadsden negoció la venta del territorio de la Mesilla con la administración de Antonio López de Santa Ana en 1853 y Tucson se convirtió en territorio estadunidense.
Tucson se siguió considerando un territorio culturalmente mexicano, y la elite de la ciudad continuó siendo mexicana hasta la llegada del ferrocarril en la década de 1880.
Aun continúa habiendo familias de origen mexicano como los Amado, que continuaron controlando las tierras de sus ancestros novohispano/mexicanos en las riberas del río Santa Cruz (http://tucson.com/lifestyles/bonnie-henry-amados-and-the-land-are-one/article_232fb89d-7266-5307-b89d-8306aaa3710c.html).
La historia que vincula a la ciudad del desierto de Sonora con México resulta interesante, porque destaca los vínculos culturales entre México y el suroeste de Estados Unidos. También nos ayuda a analizar cómo están tratando a los mexicanos las diferentes ciudades del vecino del norte.
Aunque Tucson no es una ciudad santuario (definición que engloba a aquellos municipios estadounidenses que no colaboran con “la migra” protegiendo de esta manera a los inmigrantes ilegales), esta se definió en el 2012 como “ciudad que da la bienvenida a los inmigrantes”, título que se reafirmó por parte del alcalde actual Jonathan Rothschild y la regidora Regina Romero en Diciembre, con la finalidad de proteger a los habitantes de Tucson (http://tucson.com/news/local/govt-and-politics/tucson-south-tucson-are-not-sanctuary-cities/article_517fd1db-c8d2-5ec4-acd4-bbb5f8a7173f.html).
¿Cómo protegen a los tucsonenses? Ofreciendo “ayuda a los visitantes, residentes permanentes y ayudando a los ciudadanos que quieren naturalizarse estadounidenses”, pero no protegiendo a los ciudadanos mexicanos que sean detenidos por “la migra” (http://tucson.com/news/local/govt-and-politics/tucson-south-tucson-are-not-sanctuary-cities/article_517fd1db-c8d2-5ec4-acd4-bbb5f8a7173f.html).
Jonathan Rothschild no sólo reafirmó que Tucson es una ciudad que da la bienvenida a los inmigrantes, sino que firmó un documento junto con los alcaldes “Oscar Leeser, de El Paso, Texas… Ken Miyagishima, de Las Cruces, Nuevo México; John F. Doyle, de Nogales, Arizona, y Tony Martínez, de Brownsville, Texas, entre otros” (http://www.proceso.com.mx/472574/mexico-respondera-a-las-politicas-daninas-trump-advierten-alcaldes-estadunidenses) quienes solicitaron a los representantes del Congreso norteamericano a que se opongan a la construcción del muro entre los dos países describiendo tal proyecto como “un dispendio” y parte de políticas ineficaces del gobierno federal.
No sólo eso, el Alcalde también recibió al ex presidente mexicano Vicente Fox que busca estrechar vínculos comerciales entre Tucson y Guanajuato a partir de la implementación de una incubadora de negocios entre su ciudad y Tucson así como explorar la posibilidad de implementar el modelo de sistema educativo de carreras técnicas de Pima Community College en Guanajuato (http://tucson.com/business/tucson/former-mexican-president-signs-deal-in-tucson-for-business-partnership/article_196171d0-d9d6-11e6-8b67-6ff70228df42.html).
Por otra parte, la rectora de la Universidad de Arizona, una de las universidades públicas más importantes de Estados Unidos, expresó su rechazo a las medidas que tomó Trump respecto a permitir que entren al país ciudadanos de siete países musulmanes (http://ktar.com/story/1443120/university-arizona-tells-international-students-scholars-postpone-travel/), declaración importante cuando se toma en cuenta la gran cantidad de estudiantes que tradicionalmente arriban a la Universidad proveniente de países del Medio Oriente.
Los datos presentados son sólo un fragmento minúsculo de lo que está ocurriendo en la frontera en la era de Trump: a pesar de que el estado de Arizona en general tiene una pésima reputación por su trato a nuestros ciudadanos mexicanos, fama que se ha ganado a pulso, existe en Tucson una actitud que contrasta con el resto del estado, tal vez por sus orígenes y la comunidad mexicana que ahí habita.
Twitter: @Fofi5