(Primera Parte)
Los próximo miércoles 16 y jueves 17 de noviembre, el Dr. Andrew Paxman, reconocido biógrafo de Emilio Azcárraga “El Tigre”, presentará ante la ciudadanía poblana su última obra: la biografía definitiva de William O. Jenkins.
En un momento histórico en el que triunfaron los reaccionarios estadounidenses al votar por Donald Trump, vale la pena reflexionar sobre las fobias que han definido la relación entre las dos naciones norteamericanas.
Le propongo, querido lector, que exploremos un episodio ya casi olvidado de nuestra historia local que estuvo a punto de provocar la guerra entre México y Estados Unidos hace noventa y tres años: el secuestro del agente consular estadounidense William Jenkins en 1919.
El secuestro es recordado principalmente por la tradición local como el episodio con el que Jenkins comenzó su asombroso ascenso económico.
Este tema lo explora Andrew Paxman en su libro En Busca del Señor Jenkins y dejaremos que Usted explore el texto del historiador británico a sus anchas y deduzca sus propias conclusiones; lo que nos interesa destacar en este artículo no es tanto el secuestro sino las repercusiones internacionales.
En aquel año eran presidentes Venustiano Carranza en México y Woodrow Wilson en Estados Unidos.
1919 comenzaba como un año colmado de esperanzas a nivel mundial, ya que en Europa se estaban firmando los diversos tratados de paz entre los aliados y los distintos países europeos que habían participado en la Gran Guerra (1914-18).
La firma de estos tratados de paz que tenía como marco el palacio de Versalles buscaba resarcir el honor francés y traer una paz duradera a todos los países del mundo.
La paz se articuló en torno a los catorce puntos del presidente estadounidense W. Wilson que afirmaban entre otras cosas, la necesidad de reconocer el derecho de determinación de los diferentes grupos étnicos europeos, que habían estado sujetos a la dominación de los antiguos imperios ruso, alemán y austro-húngaro.
Woodrow Wilson era visto como un liberador de Europa por sus propuestas ideológicas sobre la libertad y el apoyo moral que le dio él a los gobiernos republicanos europeos, pero en el hemisferio occidental la historia era distinta: mientras que en Europa se había asumido la madurez política de las nuevas repúblicas del Viejo Continente, en México y las Antillas, Estados Unidos intervino militarmente por la manera ineficiente en la que éstas se administraban.
El historiador Stephen Goodell escribió sobre aquella década:
Wilson anunció en 1913, al comienzo de su administración, que ‘uno de los objetivos principales de su administración sería cultivar la amistad y confianza de las hermanas repúblicas de Centro y Sudamérica’,” lo que en la práctica significo que para 1917 el ejército estadounidense había invadido México en dos ocasiones, “mandó marines a invadir a la República Dominicana y Haití, ignoró las directrices de la Corte de Justicia Centroamericana cuando su dictamen entraba en conflicto con sus intereses en Nicaragua y se enemistó con Costa Rica, El Salvador y Honduras (97).
En 1919 parecía que la administración que encabezaba el presidente Wilson (que en aquel momento estaba enfermo) entraría en conflicto con México nuevamente, debido al secuestro de William Jenkins que, como agente consular, era funcionario del gobierno estadounidense.
Afirmar que el secuestro era la única razón por la que Estados Unidos y México pudieran entrar en guerra no explica los entresijos de la política norteamericana de aquella época.
El petróleo que se había descubierto en grandes cantidades en Tampico y Veracruz, había convertido a México en un país muy interesante para la burguesía estadounidense que entendía que el petróleo era la ola del futuro para desarrollar la industria y la tecnología.
Aquella burguesía encontraría un aliado en el senador por Nuevo México, un señor de nombre Albert B. Fall, que deseaba expandir los intereses económicos de Estados Unidos a los campos petroleros de México.
Fall representaba los intereses petroleros de las compañías que veían en la Constitución de 1917 un peligroso precedente que los podía perjudicar a través de una expropiación petrolera.
Al tener noticia del secuestro de Jenkins, el senador Fall reunió una comisión con la finalidad de plantearle sus inquietudes al presidente Wilson, sobre una posible invasión de México.
Woodrow Wilson se encontraba postrado en la cama y según los rumores en Washington de aquel momento no le quedaba mucho tiempo por vivir.
Continuará…
Twitter: @Fofi5