La educación es el motor transformador de la sociedad, pero no puede emprender su dinamismo si no cambian algunas estructuras que garanticen su avance, que aporten recursos y creen un clima favorable que incentive este esfuerzo especial que se pide a los docentes, a los centros educativos y a las familias.
No podemos avanzar en un ambiente agitado y contra corriente, es decir, en una sociedad que mira hacia otro lado, la educación debe entenderse como una cuestión social que nos compromete a todos los ciudadanos. Ha llegado la hora del cambio en todos los sentidos y desde todos los ámbitos, y la pregunta clave que cabe formularse en este contexto de cambio pedagógico es: ¿Cómo ayuda cada profesor a construir la mente de los alumnos con su disciplina escolar? Porque el protagonista del aprendizaje y de la formación debe ser cada educando.
Los aprendizajes y las competencias, de modo especial, deben ser el resultado esperado, pero lo principal está en los procesos que nos conducen a esta meta, todas las disciplinas escolares deben ponerse a disposición para formar en competencias, los contenidos son imprescindibles, pero no lo esencial, son el medio donde nos movemos, no aprendemos en el vacío, por tanto los contenidos dan forma al conocimiento, y cada materia aporta unos conocimientos, unas modalidades y unas exigencias cognitivas diferentes, pero lo fundamental está en las habilidades cognitivas que en unas y otras se desarrollan, este es un elemento esencial en la innovación del aprendizaje.
Los docentes debemos conocer cómo aprenden nuestros alumnos, pero además necesitamos conocer sus dificultades para aprender, analizando las causas que las provocan, esta debe ser una primera actitud en la relación maestro-alumno y se condensa en nuestra capacidad de comprensión, porque descubrimos la causa del problema, porque analizamos los síntomas y llegamos a un diagnóstico acertado. Después viene el proceso de adaptación, que selecciona y organiza el docente, adecuado al estilo cognitivo, a la capacidad y madurez, a los conocimientos asimilados previamente por cada alumno, para implicarle, para hacerle protagonista de su propio trabajo, para que experimente su capacidad para el logro de las metas que le proponemos y que él asume, y en un siguiente paso, ir dosificando estrategias adecuadas con técnicas, modalidades diversas y desarrollo de capacidades adecuadas a su nivel.
Se trata, nada más y nada menos, que de formar la mente de los educandos, enseñarles cómo aprender a aprender, para que alcancen la autonomía y el control de sus propios aprendizajes, prepararlos para que puedan seguir aprendiendo toda su vida. Así pues, de entre todas las competencias clave resaltamos la importancia de “aprender a pensar”, como la meta competencia entre todas, por su importancia cognitiva y por su trascendencia y decisiva influencia en la forja de las demás. Nuestra mente es el centro de operaciones, que no puede desprenderse del imprescindible clima de los sentimientos, afectos y motivaciones que nos invaden.
La educación se desarrolla en la interacción mediada entre profesor-alumno, poniendo la mente y el corazón en armonía, formamos personas para que crezcan en su nivel de abstracción e interioridad cada día más, y donde medimos el potencial del motor de nuestros aprendizajes es en el desarrollo de las habilidades cognitivas, en la ejecución de las operaciones mentales interiorizadas que dinamizan todo aprendizaje.
Cuando las evaluaciones de PISA proponen una serie de problemas, condicionan la dificultad de la respuesta, la eficacia, el éxito o fracaso, combinando la elevación (cinco o seis) de los niveles de complejidad y abstracción a la vez. Complejidad en la modalidad diversa, en los códigos, en los lenguajes poco familiares, descontextualizados. Abstracción en las preguntas que exigen una operación mental más elevada: Compara, clasifica, sintetiza, deduce, razona, critica, aplica… estos son los retos contenidos en las formulaciones de las evaluaciones internacionales. Éstos son los cambios que exige la revolución pedagógica de la enseñanza por competencias.
El impulso de las nuevas tecnologías y los hallazgos científicos, las urgencias impuestas por los cambios socioculturales, imprevisibles e irreversibles, no pueden dejarnos indiferentes, es imprescindible asumir el liderazgo ante el cambio. Debemos hacernos cargo de nuestra responsabilidad, elevar nuestra atención, formular las cuestiones pertinentes, mostrarnos exigentes, creativos y colaboradores, necesitamos ser protagonistas comprometidos con el cambio que no podemos esquivar, es necesario orientarlo hacia el mejor fin, para lograr que desaparezcan brechas y exclusiones sociales.
Necesitamos brújulas, criterios, sentido y visión de futuro, precisa formar a los educandos para que lleven a cabo con buen resultado la tarea de seguir aprendiendo durante toda la vida, este es uno de los principales retos de la trascendente misión que implica ser maestro, y del compromiso por un México cada vez mejor.
[El autor trabaja en Egresados e Inserción Profesional – UPAEP]