A partir de 1929, Plutarco Elías Calles ideó una forma civilizada de acceder al poder, la cual sustituyó a la violencia que caracterizó a sus predecesores como medio de obtenerlo. Para tal propósito funda el partido Nacional Revolucionario; dicho partido aglutinaba a sus miembros en cuatro sectores, a saber, militar, popular, obrero y campesino. En 1936 se desincorporaba el militar y a través de los tres restantes se escalaba la pirámide del poder, así se repartían entre cada uno de los sectores los puestos en el gobierno de esta manera se eliminaba la rebatinga y los diferentes actores de la política nacional estaban satisfechos; en 1937 este partido cambió de nombre al de la Revolución Mexicana y posteriormente a Revolucionario Institucional (PRI), que es como lo conocemos en la actualidad, sin embargo, en todos los casos permaneció la división sectorial, y funcionó la forma de repartir el poder durante los setenta años que el mencionado partido tuvo la presidencia de la república, y aun ahora que retornó a ella.
Esta forma de operar el sistema es lo que se ha dado en llamar Corporativismo Oficial, una conjunción de dádiva y control que funciona políticamente hablando. En el caso que nos ocupa, el sector obrero fue el más influyente y beneficiado de los tres que integran el partido, los trabajadores se agrupaban en sindicatos que a su vez constituían centrales obreras, la Confederación de Trabajadores de la República Mexicana CTM, fue la más grande de dichas centrales del PRI, quien a su vez otorgaba a los sindicatos prebendas a cambio de votos durante los setenta años que gobernó el país práctica vigente, el PAN ha estado aliado de manera similar con el sindicato de la educación (SNTE), y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) cuando existía apoyó al PRD para ganar el Distrito Federal.
Aquí es donde los sindicatos mexicanos cambian de misión, pasan a ser de protectores de los trabajadores a socios en el poder político mexicano, los líderes sindicales se venden al político en turno y dejan en segundo plano su obligación con sus agremiados, y por tanto, hasta la fecha los únicos beneficiados con este sistema son los dirigentes de los sindicatos que se han enriquecido a costa de los trabajadores y de los consumidores de bienes y servicios provenientes de estos grupos.
Transparencia Internacional que mide el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) en todo el mundo, a dado a conocer apenas el año pasado que México obtuvo una calificación de 3.1 puntos (esta es la calificación más baja para México desde el año 2000 en una escala del cero al 10, en la que cero indica elevados niveles de corrupción y 10 la ausencia del fenómeno), y consideró que uno de los mayores males de México es que “sigue anclado a prácticas del pasado y algunas organizaciones siguen enquistadas”.
Sabemos que unas de estas organizaciones son los sindicatos heredados del corporativismo del PRI, cuya reputación esta por los suelos debido a la corrupción de sus dirigentes, y no ven la necesidad de transformarse ya que sus líderes no tienen ningún incentivo para ello, protegidos por el gobierno en turno a cambio del favor electoral actúan con toda indiferencia ante los cambios que el país requiere, pero, “las conquistas laborales” son irrenunciables y por ende las prebendas, y aun cuando las condiciones políticas, sociales y económicas del país y el mundo ya cambiaron, los sindicatos que agrupan a trabajadores de actividades claves en México siguen siendo los mismos, con prácticas monopolistas que frenan el avance del país en sectores estratégicos como la energía, salud y educación, pues Pemex está prácticamente quebrado por la baja productividad que presenta, los maestros incurren en fallas en su desempeño, mismas que nos tienen en los índices más bajos de educación entre los miembros de la OCDE, y medio millón de trabajadores del IMSS tienen secuestrados a cincuenta millones de mexicanos pues el Instituto destina la mayor parte de sus recursos al personal sindicalizado léase sueldos y pensiones y eso le impide proporcionar atención médica de calidad, en los casos mencionados, siempre al amparo del sindicato.
Los sindicatos son importantes en el ámbito laboral pero deben ser organismos autónomos, es decir, no dependientes del poder político y con capacidad de autogestión, deben ser organismos conciliatorios con una actitud de ganar-ganar y no revanchista, así mismo deben promover una cultura de calidad, productividad y de respeto por los trabajadores que agrupan, pero sobre todo hoy se impone tener un alto nivel de compromiso por el desarrollo de México no es valido seguir sacrificando el avance del país a cambio del beneficio de unos cuantos.
[El autor es miembro de la oficina de Egresados e inserción profesional de la UPAEP]