Opinión

Digno de democracia

Sociedad y leyes. Matrimonio, elemento obvio: la heterosexualidad. Pero las leyes se adecuan a los t

La adecuación de las leyes a los tiempos que corren, signo de democracia.

Los bienes y males que se producen en cada casa –riqueza cultural y económica, ciudadanos sensatos o sus contrarios- le atañen ulteriormente al conjunto de la ciudad. Nos concierne el planisferio de efectos y de causas que forman o deforman la coexistencia social, pero no de cualquier manera, sino bajo el signo de las leyes.

Hasta ahí, no ha de haber mayores discusiones. Todo el mundo más o menos acepta el hecho del matrimonio: ahí está, con ciertas características, desde dentro o desde afuera, aprobado o rehuido, pero con un elemento que parece obvio: la heterosexualidad. Tan obvio que algunas Constituciones lo daban por sentado. Mujer y varón son los componentes que extensas porciones de personas ven como lo más natural en la vida de pareja; no obstante, en los últimos tiempos se ha confrontado esa creencia con la circunstancia de que también existen parejas de hombres o parejas de mujeres, que deciden compartir su vida de modo estable, y no sólo eso, varios países democráticos han legislado en favor de esas uniones.

Signo de la actividad democrática, es la adecuación de las leyes a los tiempos que corren, considerando el conocimiento científico, la crítica razonada, el fomento de valores, la moral, el beneficio a la sociedad, que incluye el desacuerdo y la tolerancia; es decir, mejores opciones para la libertad. No se trata de que todos pensemos igual; sino porque precisamente lo humano es lo contrario, cada uno percibe y actúa en el mundo de modo diferente. Respetar, implica incluir, o dicho de otro modo: comprender. Quien puede observar la realidad desde sus distintas caras, medir los ángulos diversos y entender sus bordes, evita juzgar precipitadamente: va comprendiendo.

Después de deslindar los elementos que se refieren a las parejas estables en general, sea el matrimonio tradicional, las uniones conyugales llamadas de hecho o las llamadas igualitarias, las sociedades de convivencia y los pactos de solidaridad –variantes todas que podemos designar con la fórmula pactos de convivencia-, así como las variedades en las composiciones de la familia, existen aspectos de la cuestión acerca de las formas de vida en común, para contribuir a las propuestas que ya vienen haciéndose a la norma jurídica.

Es por ello, estimado lector, que hago una invitación a adentrarse en el tema para emitir opiniones propias y fundamentadas, como lo he mencionado anteriormente, en el conocimiento científico, la crítica razonada, el fomento de valores, la moral y el beneficio a la sociedad, entre otras tantas; recordando que como ciudadanos somos parte de la democracia de este país.

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