Opinión

«El topetón» de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán

Santo Domingo y San Francisco de Asís, siglos XII y XIII. El topetón, abrazo de ellos en Puebla

Este 4 de octubre se celebra el día de la muerte de uno de los santos más emblemáticos y queridos de la Iglesia Católica, san Francisco de Asís.

Como todos los años habrá misas y fiesta en la Iglesia franciscana para conmemorar la vida del santo que le inspiró al Papa actual a tomar su nombre, pero habrá además algo distinto este año: el topetón de San Francisco y Santo Domingo.

¿Qué es el topetón? De plano suena como albur pero no hay nada más lejano a ello.

Para entender lo que significa, remontémonos en el pasado para comprender su significado.

Santo Domingo y san Francisco vivieron en el mismo período histórico, a fines del siglo XII y principio del XIII de lo que ahora denominamos la baja Edad Media (1200-1453 d.C).

En aquella época la sociedad feudal experimentaba una serie de cambios políticos y sociales que estaban transformando la economía feudal de manera visible así como reescribiendo conceptos que definían el rol del individuo frente a la Iglesia y su gobierno: Estado, Monarca, Papa el rol de la religión, filosofía aristotélica y los comienzos de una economía capitalista comenzaron a desarrollarse en aquel período.

En ese esquema de cambio, las ciudades comenzaron a hacerse más grandes con la migración de siervos y aldeanos que escapaban de la pobreza económica del campo para buscar mejores oportunidades dentro de las urbes europeas.

El cambio poblacional generó una crisis en la espiritualidad católica medieval: un gran número de ciudadanos se encontraban al margen de la religión católica y alejándose de los preceptos cristianos que el papado consideraba necesarios para la salvación de las almas.

En este esquema complejo surgieron las órdenes mendicantes que promocionaban una mezcla de religiosidades que trataban de incorporar las creencias medievales con las nuevas realidades económicas y sociales que significaron el declive del feudalismo.

Las órdenes mendicantes serían las encargadas de llenar los huecos que dejaba el clero diocesano así como las órdenes monásticas que permanecían fuera de los centros urbanos y que no se daban abasto con el flujo de personas que llegaron a sus diócesis.

Como su nombre indica, las órdenes mendicantes tenían el propósito de vivir de la mendicidad católica; es decir que querían vivir en la pobreza como Cristo lo había hecho de acuerdo a los Evangelios, pero al mismo tiempo deseaban ayudar a las personas más desprotegidas por la sociedad feudal que vivían en las ciudades.

Entre las órdenes mendicantes que destacaron en el medioevo y hasta la Reforma protestante se encuentran los franciscanos y los dominicos, ambos integrados a la familia de los mendicantes pero con espiritualidades distintas: mientras que los dominicanos u Orden de Predicadores proponían un conocimiento de Dios a partir del estudio, particularmente de Aristóteles y Tomás de Aquino, los Franciscanos promovían un acercamiento a Dios a partir de la pobreza y la entrega al prójimo.

Los fundadores de ambas órdenes eran contemporáneos y de acuerdo a las crónicas de aquella época, los dos se conocieron y trataron en Roma lugar del que surgió una amistad que estrecharían el resto de sus vidas.

José Salvador Hernández Contreras, O.P., narra una leyenda que explica por qué surgió la amistad:

“Cuenta la tradición, que un día que estaba Santo Domingo en Roma pidiendo al Papa aprobase la fundación de su Orden, tuvo un éxtasis:

Vio a Cristo suspendido en el aire y en actitud de arrojar sobre el mundo tres lanzas que tenía en su mano debido a la corrupción que reinaba en la tierra. La Virgen María viendo a su hijo en tal estado exclamó: ‘¡Hijo mío!, ¿Qué vas a hacer? Ten compasión de la humanidad. Voy a proporcionarte dos siervos fieles que lucharán para someter al mundo a tu voluntad.’ Cristo contestó a su Madre ‘Quisiera que me presentaras a esos dos hombres.’

La Virgen presentó a Domingo de Guzmán y a Francisco de Asís a Cristo: él entonces dijo: ‘En efecto estos son verdaderos siervos míos. Estoy seguro que pondrán gran empeño en hacer lo que has dicho Madre.’

Al día siguiente después de la visión y estando Domingo en la iglesia de Roma, coincidió con Francisco en misa. Los dos se abrazaron y besaron, y Domingo le dijo: ‘Tú eres mi compañero; conmigo recorrerás el mundo. Establezcamos entre nosotros un compromiso de colaboración. Seamos fieles a Cristo, y no habrá adversario que pueda vencernos.’

De allí data la tradición de que en la fiesta de San Francisco, los dominicos se reúnen con ellos y celebran la Eucaristía, y de la misma manera, los hermanos Franciscanos en la fiesta de Santo Domingo.”

Los hijos espirituales de ambos, asumieron que la amistad entre los dos santos, significaba la unión fraternal de ambas órdenes religiosas en sus primera, segunda y tercera ramas.

La tradición de la amistad de Francisco y Domingo es parte de la historia del arte de sus respectivas Iglesias: en los templos de ambas órdenes encontraremos las imágenes de ambos santos en diversas partes de la decoración de los edificios católicos y anglicanos.

En México la tradición de la amistad de ambos santos se demostró durante siglos con la procesión denominada por el vulgo como “el topetón”.

En los días de los santos --4 de octubre para San Francisco y 8 de agosto para Santo Domingo—se sacaban las estatuas de sus respectivas Iglesias en procesión pública.

Se marcaba un trayecto específico de las calles hasta que las figuras se encontraban la una con la otra; acto seguido los cargadores de las estatuas las inclinaban para que pareciera que las imágenes de los santos se daban un abrazo conmemorando así su amistad.

Para las personas que lo veían, simplemente parecía que los santos chocaban las cabezas y se daban un tope, origen del nombre “topetón” que se le aplicó a la procesión.

En Puebla este evento se llevó a cabo durante mucho tiempo, pero fue suspendido a partir de 1926, momento álgido en las relaciones entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y la Iglesia católica por el conflicto Cristero que estaba ocurriendo en aquella fecha.

A noventa años de su suspensión el sacerdote a cargo de la Iglesia de Santa Clara (Monja de la orden Franciscana) junto con los frailes de Santo Domingo y de San Francisco han decidido recomenzar la tradición, que aunque desapareció en Puebla, continúa ocurriendo en la Ciudad de México.

La procesión ocurrirá el 3 de octubre a las 4:30 en la Iglesia de Santo Domingo, de donde saldrá la imagen del patrono de la Iglesia dominica, mientras que la imagen de San Francisco de Asís se colocará en la Plazuela del Teatro Principal (o plazuela de San Francisco).

Ambas figuras circularan sobre la avenida 6 oriente entre la 6 norte y la 5 de mayo hasta encontrarse frente a la Iglesia de Santa Clara, donde se darán “el tope” las dos imágenes.

Posteriormente se celebrará la misa en honor a San Francisco a las 18:00 horas en las Iglesia de las Santas Llagas del Padre Francisco.

Twitter: @Fofi5