El próximo domingo se cumplirán 48 años desde que el mes de julio de 1968, un altercado entre estudiantes preparatorianos alumnos del colegio particular Isaac Ochoterena y estudiantes de la Vocacional número dos del IPN en la ciudad de México, dio origen a un movimiento estudiantil de grandes proporciones, que culminó con una brutal represión por parte del gobierno el mes de octubre del mismo año, durante la celebración de un mitin en la plaza de Tlatelolco.
A las cinco y media de la tarde del miércoles 2 de octubre de 1968, aproximadamente diez mil personas se congregaron en la explanada de la Plaza de las Tres Culturas para escuchar a los oradores estudiantiles del Consejo Nacional de Huelga, el ambiente era tranquilo a pesar de que la policía, el ejército y los granaderos habían hecho un gran despliegue de fuerza, sin embargo, aproximadamente a las seis y cuarto después de que cuatro luces de bengala estallaron en el cielo, soldados y otros grupos mezclados con los civiles participantes en el mitin, abrieron fuego, se provocó el pánico en la manifestación estudiantil, todos los asistentes huyeron, hubo muertos, heridos, golpeados, arrestados y desaparecidos como consecuencia de la represión. No se ha logrado precisar hasta ahora el número de muertos.
Desde entonces, cada año, el dos de octubre se recuerda como el hecho que marcó un parte aguas en la vida de nuestra nación, pues estableció el principio del fin del autoritarismo con el que el PRI había gobernado a la nación, el cual impedía la acción de sus opositores, también los medios de comunicación estaban subordinados al gobierno, y por tanto cerrados a cualquier crítica al modo priista de ejercer el gobierno entre otras cosas. A partir de esa época la organización política y social dio pie a una creciente diversificación de la sociedad y la brutal represión se convirtió en la base de un proceso en el que paulatinamente la sociedad organizada en múltiples frentes le fue ganando terreno al autoritarismo, así mismo se ha producido una transformación en el sistema político mexicano que no por ser gradual se puede soslayar, uno de sus momentos más significativos lo constituyó la reforma política de don Jesús Reyes Heroles.
Hoy vivimos en un sistema político muy diferente al de 1968: una democracia donde los jóvenes pueden decir lo que quieran y manifestarse donde quieran sin que nadie los reprima. Ejercen, a diferencia de los estudiantes del 68, derechos de una democracia-liberal, algo que era un sueño en tiempos de Díaz Ordaz. (Mención aparte merece el doloroso suceso de hace dos años en Iguala contra los Normalistas de Ayotzinapa) En 1968 se inició un proceso que no debe parar, pues debemos seguir alentando la cultura de la democracia participativa amen de la representativa, pues así es como hemos ido construyendo un país de instituciones y libertad para todos, el desgraciado evento de la plaza de Tlatelolco, debe continuar en nuestra memoria para no bajar la guardia como sociedad, pues aún ahora, el poder político necesita estar consiente por la acción de la sociedad, de que se debe a ella, y que no es una concesión graciosa la libertad y el respeto que merecemos por parte de los gobernantes, sino una conquista que ha costado mucha sangre a través de nuestra historia como nación, en una de cuyas etapas más recientes al margen de las ideologías, una brutal represión en Tlatelolco nos puso en el camino de la estadía que hoy tenemos como país.
[El autor es miembro de Egresados e Inserción Profesional – UPAEP]