La Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), permite que cada ser humano adquiera los conocimientos, las competencias, las actitudes y los valores necesarios para forjar un futuro sostenible. Educar para el desarrollo sostenible, significa incorporar los temas fundamentales del mismo a la enseñanza y el aprendizaje, por ejemplo, el cambio climático, la reducción del riesgo de desastres, la biodiversidad, la reducción de la pobreza y el consumo sostenible. Asimismo, la EDS exige métodos participativos de enseñanza y aprendizaje que motiven a los alumnos y les doten de autonomía, a fin de cambiar su conducta y facilitar la adopción de medidas en pro del desarrollo sostenible.
La pobreza extrema sigue afectando a más de mil millones de personas en el mundo, el hambre y las hambrunas siguen aconteciendo, así como conflictos armados y violencia. Lo que todavía es más evidente es el efecto negativo de la acción humana en su medio ambiente (agotamiento de recursos naturales, desertificación, polución) y el continuo impacto del cambio climático, mantenido por el excesivo consumo de algunos y su falta de solidaridad.
El informe “Perspectivas del Medio Ambiente Mundial” o GEO-5 del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente afirma que: “Los cambios que actualmente se observan en el sistema Tierra no tienen precedentes en la historia de la humanidad. Los esfuerzos por reducir la velocidad o la magnitud de los mismos, incluyendo una mejora en la eficiencia de los recursos y medidas de mitigación, han dado resultados moderados, pero no han conseguido revertir los cambios ambientales adversos. En los últimos cinco años no han disminuido ni la escala de los cambios ni su velocidad”
Es evidente que los gobiernos no se han centrado de manera adecuada en estos problemas durante las dos últimas décadas. Ante esta situación, no hay duda que esto significa una mayor responsabilidad de parte de la sociedad que tendrá que demandar las respuestas adecuadas, pero no sólo pedir o protestar, llegó el momento en que la sociedad civil necesita tener una participación más activa en el diseño de estrategias de cambio, con perspectivas claras y sólidas, organizadas en torno a un pequeño número de grandes transformaciones, que sean objeto de una identificación colectiva a favor de preservar el desarrollo sostenible.
A lo largo de las dos últimas décadas, se han multiplicado los llamamientos de diversos organismos y conferencias internacionales, para que los educadores contribuyamos a que los ciudadanos adquieran una correcta percepción de los problemas y desafíos a los que se enfrenta la vida en nuestro planeta, y puedan así participar en la necesaria toma de decisiones fundamentadas para el logro de un desarrollo sin poner en riesgo los recursos para las generaciones venideras, ya no es permisible esgrimir el que la globalización es la culpable del deterioro ambiental, tenemos que ser propositivos, este es el reto, y en el desarrollo de esta cultura, nuestra terea como educadores es insoslayable, para formar ciudadanos responsables ante el mundo.
[El autor es miembro de la Coordinación de Egresados e Inserción Profesional de la UPAEP]