Opinión

Aniversario de la expropiación petrolera

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Este 18 de marzo celebramos un aniversario más de la expropiación petrolera realizada por Lázaro Cárdenas en 1938.

Podríamos analizar los significados de la expropiación desde muchos lentes, tantos como para marearnos: ¿cómo se veía en 1951? ¿Cómo se entendía en 1982? ¿Cómo lo percibíamos en el 2006? En cada época se han generado reacciones distintas a como las entendemos en la actualidad.

Lo que es cierto es que ha habido dos grandes discursos que sobresalen entre los demás:

El primero fue uno de los alegatos que más escuchamos en el siglo XX: el Estado—representado en aquel momento por Lázaro Cárdenas—había tomado control de nuestra mayor fuente de ingresos--que hasta ese momento estaba controlado por extranjeros perniciosos que no aportaban nada a México más que la explotación de la mano de obra.

El segundo propagado por voces conservadoras que criticaban la acción cardenista que los Priistas, Perredistas, Petistas y Morenistas ensalzan, afirman que la expropiación petrolera, acompañada de la explotación de otros recursos naturales por parte del Estados mexicano lo que hizo fue detener el crecimiento económico de las mismas, ya que en lugar de emplear estos recursos como un detonante del capitalismo y un negocio que debí a acrecentarse a través de la reinversión del capital, fue vista como la caja chica del gobierno en turno.

Esto es cierto, pero por otro lado es innegable que el control del precio del petróleo por parte del gobierno nacional, aseguró durante mucho tiempo el dominio sobre el precio de la gasolina permitió que los consumidores de clase media pudieran acceder a ciertos productos y beneficios a un costo menor al que hubieran tenido que pagar.

Recordemos también que de no haber habido una expropiación petrolera, muchas de las obras de infraestructura no se hubieran podido realizar ya que uno de los pilares de la economía mexicana ha sido la explotación de los mantos petrolíferos.

Si la explotación de los mismos hubieran permanecido en manos extranjeras, los beneficios no se hubieran quedado en manos de compañías extranjeras que no se hubieran caracterizado por dejar el dinero en México y realizar las obras que hizo el Estado: en lenguaje vernáculo, estas compañías no eran Hermanas de la Caridad, sino empresas que buscaban maximizar sus ganancias y acumular el capital, sacrificando los costos que implicaba la explotación petrolera.

Los gobiernos entendían al petróleo mexicano como una fuente de ingresos que ayudaba a modernizar al país.

Al mismo tiempo el dinero que generaba servía para comprar favores a sus rivales políticos, desarrollar ciertos proyectos nacionales y venderle al pueblo mexicano la idea de que el petróleo era de todos a través de las obras que impulsaba, aunque en apariencia los beneficios sólo parecían llegar a porcentajes pequeños de la población.

Aquí se debe hacer mención de un fenómeno poco estudiado y que es una de las cuestiones que nos hace preguntar ¿qué hubiera pasado sí?

En la historia oficial se nos ha enseñado que las explotaciones petroleras estaban en manos de extranjeros que participando de una economía imperialista y que sólo iban a países periféricos a extraer la riqueza para regresarla a la metrópolis de donde provenían las empresas.

Lo que los libros de historia omiten es que también había casos de capital mexicano que estaban tratando de explotar los pozos petroleros, y que aunque no eran una gran competencia para las compañías extranjeras como Shell, estaban buscando detonar la explotación del petróleo por parte de empresas mexicanas.

En Puebla existió un grupo que buscó en la década del 20 explotar el desarrollo y la explotación de la industria petrolera en Puebla y en la región del Golfo.

El grupo--analizado por la Dra. Leticia Gamboa Ojeda en su tesis--estaba conformada por grupos de textileros y hacendados de origen asturiano y cántabro.

Entre estos hombres destacan Manuel Migoya y Antonio Gómez Fernández, que comenzaron a buscar petróleo en la hacienda de Santa Ana a las afueras de Ciudad Serdán y en Punta Arenas (Muchos de los hombres que participaron en ese proyecto se encuentran reseñados en tesis de la UDLAP y se puede consultar en línea http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lec/pineda_r_g/capitulo2.pdf).

Al eliminar el gobierno cardenista la explotación petrolera por grupos de capital mexicano no permitió el desarrollo de compañías nacionales que pudieron haber ido modernizando el petróleo mexicano; pero como mencioné al principio de esta explicación, ese es uno de los hubieras históricos que nunca sabremos.

En la actualidad el mismo partido del que formó parte Cárdenas, parece haber dado marcha atrás a ciertos aspectos del legado histórico de su antecesor.

La decisión de EPN es parte del realismo político que debe acompañar a los gobernantes que dejan atrás los mitos que sustentan su estadía en el poder para encontrar respuestas prácticas a las situaciones que vivimos.

Si como afirman algunos especialistas, se está acabando el petróleo en territorio nacional, para las generaciones futuras el incidente del 18 de octubre de 1938 se irá desdibujando del consciente nacional porque el producto que se conmemora en ese aniversario desaparecerá de nuestras tierras.

Twitter: @Fofi5