Tristemente, el 2015 rompió el récord como el año más caliente del planeta, al menos desde que se guarda el registro de las temperaturas (1880).
La temperatura global promedio se incrementó en 0.16°C en relación al 2014. Y si bien son ya varios años de “calentamiento global”, los aumentos anuales no superaban las milésimas de grado, siendo de una décima completa para el pasado año.
¿Culpables? El ser humano, el único ser que ha logrado tan terrible desperfecto, aunque no faltara quien diga que es por el efecto de la luna, “el niño”, “la niña” y/o el proceso de envejecimiento de la tierra.
Sin embargo, el causante del sobrecalentamiento global no ha logrado frenar la tormenta perfecta que enfrentan los mercados financieros internacionales. ¿Culpables? La desaceleración de China, pero no el único culpable.
2016 ya no se avizora como un año complicado, lo está siendo ya, con el peor inicio bursátil de las economías mundiales, desde el año 2000. Las distorsiones de los mercados financieros chinos, la desaceleración de su producción con el subsiguiente “efecto dragón” en mercados exportadores de materias primas como es Brasil, han detonado un nuevo episodio de volatilidad.
Sumémosle la pacífica inclusión de Irán en el gran concierto de las naciones, al terminar con el embargo al que se le tenía sometido. Sí una razón de alegría para las relaciones internacionales, pero el anuncio hecho en Davos por Irán, de nuevas inversiones en petróleo y la subsiguiente sobreoferta del ya tan devaluado bien en los mercados internacionales, le dieron otro empujón al ya alicaído precio en el barril de petróleo.
México tembló cuando el precio del dólar alcanzó los 18.85 pesos y el petróleo cayó al abismo de los 18.90 USD por barril. Y sí, la devaluación que sufre nuestra moneda no es culpa exclusiva del gobierno.
Nos encontramos en la tormenta perfecta en contra de las divisas, los grandes capitales buscan a las monedas más firmes y en este momento dicha fortaleza sólo la tiene el dólar americano. Ni siquiera el Euro o la libra esterlina han capoteado muy bien este temporal.
El Banco de México subasta millones de dólares al día para tratar de “paliar” los embates contra el peso, pero cuando la situación es de las dimensiones que estamos viviendo, dicha política podría variar. Cierto es, si las subastas de dólares se frenaran, la divisa verde podría alcanzar los 20 o 25 pesos. Pero el deshacernos de las reservas internacionales del Banco de México, sólo para frenar de manera artificial un alud incontrolable, presenta muchas interrogantes en cómo se podría usar dicho capital.
¿Alguna buena noticia? Sí, el INEGI informa que la economía de México, excluyendo al sector petrolero, crece a una tasa ligeramente superior al 3% desde finales de 2014.
La mala noticia, es que desde el 3er trimestre del 2014, el déficit del PIB petrolero en nuestra nación literalmente se “come” el crecimiento de los demás sectores. Para muestra, en el 2° trimestre del 2015 el PIB petrolero decreció -9.1% mientras el PIB no petrolero creció 3.2%, para el tercer trimestre el PIB petrolero decreció -7.4% y el PIB no petrolero creció 3.4%. Por lo cual, se estima que el PIB del 2015 sólo creció un 2.5% (cifras INEGI, la oficial definitiva será dada a conocer el 23 de febrero).
La sobreoferta del crudo, la desaceleración económica mundial, el posible “default” de Brasil, el nulo crecimiento económico en América Latina, el raquítico crecimiento esperado del dragón chino y la volatilidad en los mercados financieros mundiales, son los ingredientes que conforman esta “tormenta perfecta”.
Algunas de las mentes más preclaras en economía, política, tecnología y medio ambiente están reunidas en Davos Suiza. Por primera vez en muchos años, ninguno de éstos “capitanes” sabe cuánto durará la tormenta, ni los efectos de la misma.
¿Qué debemos hacer? Pensar de manera global y actuar de forma local. Ser creativos, conscientes y responsables de lo que hicimos y hacemos, pero también de lo que no hacemos pudiéndolo hacer. Algún sabio dijo que para ser Dioses a la humanidad le faltaba la mitad del camino, “sólo nos equiparamos en nuestro poder de destrucción, falta el de creación”, o al menos el de conservación. Recordando que nuestras acciones, sumadas unas con otras, trastocan el “efecto mariposa” en “tormentas perfectas”.