Opinión

La familia que transformó la economía de Puebla en el porfiriato

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Querido Lector, permítame participarle de una investigación que estoy realizando y para comenzar, contextualizaré lo que a continuación les contaré.

Uno de los aspectos menos investigados en la historia de México es el desarrollo industrial y capitalista de nuestro país en los siglos XIX y XX.

Durante el siglo XX, se nos enseñó a los mexicanos en las aulas que el capital había sido malo para la historia mexicana, porque el interés desmesurado de ciertos grupos—principalmente de origen extranjero—habían llevado a la explotación de centenares de miles de mexicanos, que--con justa razón--se habían levantado en armas en el período que conocemos como la Revolución Mexicana (1910-1917) para revertir esas políticas económicas.

El capital y la industria continuaron siendo importantes durante el siglo XX, pero oficialmente se mantuvo a los empresarios a raya, negándoles participación directa dentro del PRI y en ocasiones atacando aciertos grupos mediante expropiaciones—ejemplos sobran, las haciendas y los bancos fueron dos ejemplos claros de la política del partido gobernante, aunque paradójicamente, tras bambalinas tuvieran una relación estrecha en otras ocasiones.

Después del breve planteamiento que hemos hecho, nos podemos preguntar en el caso de Puebla, ¿quiénes eran esos extranjeros que fueron vistos como los villanos por la historiografía oficial?

La historiadora Leticia Gamboa Ojeda ha hecho estudios maravillosos sobre esas elites de poder que durante el porfiriato y hasta finales de la década del veinte.

Algunas conclusiones que podemos extraer de sus análisis es que la elite de poder en Puebla era en su mayoría extranjera—de origen español o francés--y que lo que los caracterizó fue estar involucrados en varios negocios que incluían haciendas, molinos, fábricas textiles y participación como accionistas en bancos y compañías petroleras locales.

La investigación que estoy realizando gira en torno a la pregunta de ¿cómo hicieron sus capitales estos extranjeros en Puebla? Ya que no podemos asumir que simplemente por ser extranjeros se les hizo más fácil acumular dinero.

La respuesta que he ido vislumbrando es que los capitales porfirianos de los que escriben Leticia Gamboa Ojeda y otros historiadores interesados en ese período (1876-1911), tienen sus orígenes en un siglo atrás, en las primeras décadas del México independiente.

Durante los primeros dos siglos de la colonia, los migrantes españoles eran del sur de España—principlamente de Andalucía y una aldea llamada Brihuega en la provincia de Guadalajara en la región de Castilla-La Mancha.

A partir del siglo XVIII la migración española que comenzó a arribar a Puebla fue del norte, particularmente de la región de Asturias y en menor grado de las Vascongadas y de Cantabria.

Es aquella última región la que nos interesa destacar para este artículo, particularmente una aldea montañesa que se llama Borleña, en la región de Toranzo.

De acuerdo al censo del 2011, la aldea cuenta con 96 habitantes—casi nada—pero su relevancia histórica para el desarrollo de la modernidad capitalista poblana, no puede ser desestimada.

Es de esta aldea de la que descienden personajes capitalistas poblanos cuyos apellidos aún tienen cierto peso en nuestra sociedad en círculos como el del Parque España. Estos apellidos son Quijano, Rugarcía, los Robredo, los Collantes y principlamente la de los Conde.

No hay historiador poblano que no reconozca la importancia que tuvieron los Conde para la economía local y la quiebra de la familia en la década del 20, provocó una crisis en la economía del estado hace casi un siglo.

Ahora me preguntará ¿cómo están ligadas estas familias con esa aldea montañesa? Resulta que los apellidos antes descritos tienen como antepasados a distintas personas que se apellidaban Rueda de esa pequeñísima localidad.

Hasta ahora se ha podido establecer un vínculo entre los Conde y los Collantes—ambas familias están emparentadas en dos ocasiones con el apellido Rueda—recordemos que la endogamia era común en aquella región agreste de España, ya que era una localidad de difícil acceso.

Los Conde y los Collantes descienden de Domingo de Rueda que vivió a principios del siglo XVIII y después volvieron a emparentar a través de dos hijos de Andrés Antonio Sánchez de Arce. Los otros apellidos también tienen un ancestro llamado Domingo Rueda originario de Borleña y avecindado en Puebla en la década de 1840.

Lo que me interesa resaltar en esta investigación es cómo el desarrollo del capital poblano fue un asunto familiar y regional que surgió a través de vínculos familiares y culturales de ciertas personas que a través de un período de cien años, se convirtieron en las élites capitalistas de nuestra ciudad.

A medida que avance la investigación les compartiré lo que descubra.

Twitter: Fofi5