Opinión

De Birdman a Robin Hood

“Aquellos quienes creen en absurdos, pueden cometer atrocidades”

Voltaire

Aprovechando el barullo de diciembre, un muy inmaduro presidente latinoamericano, se autoproclamó el “Robin Hood bolivariano”. Y no, no fue broma del día de los Inocentes ni efecto de la resaca post-navidad.

Nicolás Maduro Muro, presidente de la alicaída República Bolivariana de Venezuela, firmó este último 31 de diciembre la reforma parcia a la ley de impuesto a las grandes transacciones financieras, haciendo uso para ello de la legislación por decreto, herramienta cuyo poder, busca no perder en este nuevo año.

Con dichas reformas, expresó “se elimina la posibilidad de evasión…”; cuando en realidad, lo que se evade es la posibilidad de toda inversión privada en Venezuela. A la par de otras medidas, Maduro espetó “hago justicia como Robin Hood”.

Mientras tanto, el país caribeño afronta una dura crisis económica, democrática y social. Un déficit fiscal cercano al 20% del PIB (2015), una inflación galopante superior al 200% (la más alta de la región), escasez de productos básicos y un retroceso en la actividad económica superior al 6% en el último año (según cálculos de entes no gubernamentales venezolanos), son sólo algunas cifras apabullantes e insalvables aún para el héroe de los bosques de Sherwood.

Es triste la realidad que enfrenta la llamada “Venecia de América”, nación con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, un potencial turístico abismal, una población atenta y cálida, y ecosistemas de una biodiversidad increíble.

Y si bien, los actuales precios del petróleo han golpeado a Venezuela fuertemente, dada su casi absoluta dependencia de la exportación de hidrocarburos (96% de su economía), disminuyendo a casi la mitad los ingresos del Estado, la situación económica actual no se le puede achacar solamente a tan drástica caída. Maduro como heredero de Chávez y sus políticas populistas, ha llevado a Venezuela a una situación económica de deterioro e improductividad, donde los venezolanos importan hoy hasta café.

La incapacidad de gobernar de Maduro y su camarilla, no obstante sus continuos atropellos a la democracia, sufrieron un castigo de la población en las últimas elecciones para la Asamblea (poder legislativo), donde la oposición arrasó. Como dato anecdótico y reflejo del pueril y caprichoso temperamento y actuar anti-democrático de Maduro, vale citar su amenaza ante las cámaras de: “no otorgaré las más de cien mil casas a igual número de familias venezolanas porque han votado por la oposición”.

Este nuevo parlamento, donde por primera vez en los últimos 17 años, la oposición asume el control de dicho poder, buscará recortar el mandato del presidente Maduro, de forma legal y democrática. También por primera vez en años, la prensa libre recuperó el acceso a la sala para periodistas de la Asamblea Venezolana, la cual había quedado reservada sólo para medios estatales.

El camino para que Venezuela vuelva a ofrecer a sus ciudadanos una economía saneada, una democracia sin demagogia y una disminución en la violencia, será largo y tortuoso (como para muchos países de nuestra América). Venezuela necesita urgentemente un cambio de rumbo, de autoridades y de sistema.

Esperemos que la nueva Asamblea logre convocar a elecciones en menos de seis meses, que Maduro muestre un ápice de madurez democrática no metiendo las manos, y confiemos que los venezolanos ejerzan de forma libre su derecho a votar. Sólo así, un presidente inmaduro, al que le hablan pajaritos al oído, y con ínfulas de Robin (sea Hood o la pareja de Batman!) se sumará al equipo de desempleados de Cristina Kirchner y de otras monerías latinoamericanas.