Opinión

Reflexiones sobre la situación Política de México

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Me pareció interesante poder leer en las páginas de la revista Nexos (en su número 454, publicada en el mes de octubre de 2015), tres ensayos sobre la situación política de nuestro país, publicados por: Héctor Aguilar Camín, José Woldenberg y Jesús Silva Herzog. En cada uno de ellos se da cuenta de lo que ha sucedido en México a lo largo de las tres últimas décadas y, por caminos distintos, se acercan a una conclusión que tiene muchos elementos en común.

Entrando en materia parto de la hipótesis que ellos concluyen que nuestro país ha cambiado y que sus cambios son muy profundos, que han costado mucho trabajo y esfuerzo y que pese a ello no hemos podido superar los grandes rezagos de nuestra sociedad.

Para Aguilar Camín “la disonancia mayor quizá sea que el gobierno de México tiene un proyecto de país de primer mundo y una capacidad de ejecución de gobierno de tercer mundo y un rechazo de estado país fallido.”, más adelante el autor da pistas de lo que considera los motivos que han generado la actual situación en los elementos siguientes: la presencia de un pleito “familiar” entre los jóvenes y el PRI que agudiza el encono con el regreso del partido mencionado y su regreso al poder del País y adquiere mayor intensidad cuando al inicio de su gestión el Presidente EPN logra constituir el Pacto por México, plataforma que lo dotó de un espacio para adquirir una insospechada efectividad reformista, reforma la Constitución logrando lo se ha dado en llamar las reformas constitucionales estructurales. En ese proceso, en opinión del autor, logra reconstituir lo que se conoce como rectoría del estado, el significado es que restablece el predominio del poder central de la federación, el autor presta poca importancia que en el Pacto mencionado es el ejecutivo del poder central de la federación quien se alía a los líderes de los partidos y con ellos acuerda las reformas, no incluye a los ejecutivos de las entidades federativas (autoridades ejecutivas de la federación), en cambio le da espacio a las autoridades que representan instancias institucionales partidarias que son centrales para transitar en el proceso de consecución y de acceso al poder, se movió principalmente en el ámbito del sistema político que principalmente es el terreno de acceso al poder del estado, es decir, en el terreno de lo electoral.

Otra pista que nos da el autor se puede identificar en lo que plantea como caracterización de la situación que vivió el primer presidente de la alternancia que obtuvo el poder central de la federación, pero se enfrentó a una situación de desventaja en la composición del congreso de la unión y de la integración de los gobiernos de las entidades federativas que mayoritariamente eran gobernadas por el PRI y el PRD se había quedado con el gobierno de la capital del País. Menciona que el Presidente Vicente Fox no decidió avasallar a la oposición (reconfigurar el poder de acuerdo a la nueva situación política prefirió cogobernar con la anterior estructura --interpretación mía--) y optó por utilizar el presupuesto como elemento de negociación, como si las dos acciones fuesen disyuntivas el primer presidente de la alternancia debió negociar e incorporar a los ejecutivos de las entidades federativas al ejercicio del poder bajo un nuevo régimen de gobierno. No lo hizo, y ya se ven las consecuencias: trajo como resultado una estructura de poder institucional que reforzó la autonomía de las entidades federativas, sin reestructurar la unidad del poder de la federación su consistencia, su eficacia y eficiencia. No se consideró el asunto de que los cambios positivos en la forma de acceso al poder se deben acompañar de la creación de instancias institucionales que se traduzcan en nuevas formas institucionales para el ejercicio del poder del estado.

Se tiene que aceptar que no se debe seguir gobernando con las instituciones que fueron características de la etapa del régimen político caracterizado por la presencia de un partido dominante y casi único. Por cómo se actuó todo indica que se pensó en la restauración de un sistema de partido dominante, casi único, pero con nuevo protagonista, el PAN.

Por su parte José Woldenberg plantea que nuestro país logró substituir un régimen autoritario por una germinal democracia, nos dice: que los signos del cambio están a la vista se cuenta con elecciones competidas, pluralismo en los congresos, equilibrio de poderes, limitación a las atribuciones del ejecutivo, la labor de la Suprema Corte, todo ello y otras cosas apuntan en el sentido democratizador, agregaría ello en el terreno encaminado a transitar en el camino del acceso democrático al poder tocando solo tangencialmente lo relacionado con las instancias del ejercicio del poder del estado. Nuestro autor sostiene que los cambios han sido profundos, eso es innegable, pero a pesar de ello, nos refiere que se ha presentado un fenómeno que refleja un acendrado malestar por la situación de la vida política de la sociedad mexicana, que se expresa como un desencanto hacia los actores políticos y las instituciones ligadas a la dinámica de reproducción de la vida democrática. Se debe reconocer que el malestar que prevalece en el País se alimenta de vertientes múltiples, pero una que juega un papel central es la sobrevaloración de los alcances de los cambios realizados, el proceso de cambio se percibió como una operación maravillosa que todo lo podía; arreglaría la mala distribución de la riqueza del ingreso y aseguraría un sistema de equilibrios que evitarían las conductas autoritarias, en fin se había accedido a un mundo casi celestial. La transición si representó un conjunto de importantes cambios pero se quedaron cortos ante las grandes promesas y por allí vino el desencanto. Contribuyó a la desilusión que la problemática de México es sumamente compleja y frecuentemente se ha pretendido resolver con formulación voluntaristas y simplistas de los recién llegados al poder político.

A los retos de la nueva situación del país se ha pretendido abordar con las concepciones y caracterizaciones propias de tiempos ya idos. No se ha tomado en cuenta que hoy vivimos en un mundo globalizado y que ello problematiza el funcionamiento y dimensión de los estados nacionales y, al mismo tiempo que la realidad los supera, los rebaza la nueva estructura de un panorama más democrático (el impacto de los cambios en el sistema electoral) que modifica a las dinámicas del ejercicio del poder del estado y a las instituciones creadas para tal efecto, es necesario fortalecer algunas instancias institucionales pero también es fundamental crear otras para posibilitar armonizar la estructura de los procesos para acceder al poder con la que corresponde al ejercicio del poder cotidiano, en el proceso de gestión gubernamental, para la vida democrática de nuestra república mexicana.

Lo peligroso es que junto a la existencia del pluralismo equilibrado no se logre establecer una dinámica ágil en la toma de decisiones, se pueda establecer un contraste negativo entre lo ágil de la actuación dentro de un sistema autoritario comparado con un tortuoso proceso de accionar dentro del pluralismo y la alternancia. Lo que sucede es que hemos tardado en asimilar los códigos de la democracia madura dejando de asimilar la necesidad de que los cambios institucionales en el proceso para acceder al poder se deben acompañar con cambios institucionales para ejercer el poder en las nuevas circunstancias, eso se impone si se parte de que el pluralismo llegó para arraigarse y que las repercusiones de la globalización y en general de la vida moderna, no son un síntoma pasajero, al contrario, son el nuevo marco que se define y en el que se deberán diseñar, acordar y aplicar nuestras soluciones a los grandes retos que la sociedad mexicana tiene que superar. Por ello es prudente pensar en cómo evitar los constantes aletargamientos en la toma de decisiones, en mi opinión eso se consigue democratizando la operación y funcionamiento de las instancias ejecutivas de nuestra nación, en México se debe comenzar a ensayar un nuevo modelo de sistema político, con federalismo moderno, en el que se combinen las formas ya logradas por nuestro país para conseguir acceder al poder --en el sistema político electoral-- del estado, con la constitución de colegiados, asambleas que se erijan como poderes supremos que controlen, equilibren y armonicen el funcionamiento y operación de nuestros ejecutivos en todos los niveles de gobierno.

La visión de Jesús Silva Herzog Márquez ubica a nuestra democracia como mayor de edad pero que por alguna razón después de lograr elecciones más limpias y con características indiscutiblemente democráticas se logró tener un sistema incluyente, plural con alternancia, pero por alguna razón se pervirtió y ello desencadenó que se diese un retroceso en la vida política de nuestro país. Así las cosas comparto lo planteado pero yo matizo que lo que explica de manera preponderante lo sucedido con nuestro sistema democrático es que los mexicanos, tal como somos sin querer ser perfectos, dejamos de realizar los cambios en lo que se refiere a la forma de gobernar, se trata hacer cambios para posibilitar que lo avanzado en el sistema electoral se armonice con las formas de ejercer el poder del estado, vamos con la forma concreta de gobernar. Para sustentar la necesidad de un cambio en las Instancias Institucionales que integran la red para ejercer el poder se debe tomar en cuenta los hechos que se han venido presentando en el abordamiento de problemas que tienen relación con los grandes retos del País, por ejemplo:

En lo educativo se procesó la reforma al sistema educativo en el marco del Pacto por México cuyos integrantes fueron: El Ejecutivo de la nación y los presidentes de los partidos, en lugar de involucrar a las instancias ejecutivas de la Nación, que sería lo más natural en una república federal, no fue así, la consecuencia de este hecho fue que no se consideró en su diseño todas las opiniones significativas para abordar el tema y cuando se llegó a la aprobación se presentaron algunas dificultades que fueron superadas pero el verdadero problema se presenta cuando se diseñan y someten a discusión las leyes secundarias y el problema se agudiza cuando se pretende su aplicación, se dirá que son resultado de las resistencias al cambio, de eso hay algo, pero lo principal es que autoridades constituidas, congresos y ejecutivos estatales abiertamente o de manera subrepticia se oponen a su aplicación. Eso se pudo evitar si existiese una instancia de discusión para tomar acuerdos relacionados con los cambios profundos que ella representa. En estas formas de operar con instituciones obsoletas se encuentra la clave de las dificultades que hoy cursa el país y, por supuesto, las que enfrentan los que dirigen al estado en México.

Para que las autoridades cumplan con sus obligaciones y como consecuencia sean más apreciadas, pero además, para que se resuelvan los grandes problemas es necesario realizar los cambios profundos, entre otros, los que se sugieren en este texto.

Respecto a la seguridad, la justicia, y la lucha contra de la delincuencia y la corrupción se tiene que crear una instancia de poder que permita nombrar a jueces imparciales y que tengan la posibilidad de llamar a cuentas a todas y cada una de las autoridades constituidas así como a los ciudadanos en general. En nuestro sistema de gobierno se tendrá que crear una instancia que incorpore a todos los ejecutivos de la nación como federación y que a la vez esté por encima de ellos para así poder llamarlos a cuentas. Solo así tendremos jueces confiables con resoluciones, de ellos, legítimas y creíbles y ahora sí tendremos la posibilidad de contar con un estado de derecho en el que nadie esté por encima de la ley. Para establecer instancias institucionales que constituyan órganos autónomos de arbitraje y vigilancia tendremos que asignar la tarea de su nombramiento a los colegiados mencionados, para así conseguir que tengan la autoridad y la libertad para comportarse en sus actuaciones imparcialmente y puedan aplicar correctivos a los que incurren ilícitos se terminaría pues con la corrupción y los delincuentes, sean ellos ciudadanos particulares o funcionarios públicos, podrían ser sujetos de la acción de la justicia es decir, minimizaríamos la impunidad, lograríamos una sociedad que funcionase de manera decente y con una normalidad democrática propia de una sociedad real sin pretensiones de perfección y pureza, pero con una dinámica de respeto, honestidad y de democracia. Lo mencionado justifica que los cambios en nuestro sistema político lleguen hasta la forma de gobernar y no se queden en el umbral, que no se limiten a mejorar la forma de acceso al poder, es decir que no se estacionen en el sistema electoral.

En mi opinión lo realizado, que es positivo, generó una desajuste en nuestro sistema político, lo nuevo en el proceso de acceso al poder dejó de corresponder con lo que constituye el entramado institucional para el ejercicio del poder político lo que implica considerar el impacto de los cambios realizados para perfilar las modificaciones necesarias en nuestro sistema político y así dar nuevamente coherencia y consistencia al mismo, se debe hacer corresponder la estructura institucional del sistema político para acceder al poder del estado con el ejercicio del mismo de manera congruente para que permita su funcionamiento eficiente y armonioso, es decir, asegurar la gobernabilidad. Lo profundo de los cambios se quedó a medio camino y ello explica, de manera principal que con todo y las reformas se continúe sin un claro avance en la solución de los problemas y que se mantenga una actitud de rechazo a las autoridades reformistas. Me permito sugerir considerar los cambios a la constitución para crear en nuestra estructura política la figura legal que corresponda con la instauración de lo que podría denominarse como la asamblea del supremo poder republicano como órgano de poder para apoyar, controlar y fortalecer la actuación de los ejecutivos de todos los niveles y para instaurar verdaderos órganos independientes de control y vigilancia de las acciones de los ejecutivos de la nación. De este modo podremos lograr en serio un poder judicial autónomo y Jueces electorales y judiciales autónomos e independientes.

Con los cambios integrales en el sistema político podríamos evitar que cuando se presenten hechos como los acontecidos en Iguala, en Chalchihuapan, en Ajalpan, por citar algunos, en los que pese a llegar a fincar responsabilidades, en virtud de que los procesos de investigación y resolución se depositan en instituciones rebasadas y obsoletas, al determinar las responsabilidades, sea cual fuere su determinación, por carecer de credibilidad, nadie las toma en serio, y si a esto se suma que las instituciones en cuestión carecen de poder para llamar a cuentas a los poderosos que cometen ilícitos, no importa que se finquen responsabilidades, por razones más que obvias, en la mayoría de los casos, esos ilícitos tienden a quedar impunes. Evitar lo mencionado sería el camino para restablecer el estado de derecho y la credibilidad en nuestras autoridades.