Tal vez se habrá dado cuenta que en la prensa local las noticias que se consideran importantes y trascendentes siempre tienen que ver con la política local; relegadas a otras secciones del periódico se encuentran secciones de interés particular--como la nota roja que describe hechos atroces de violencia en nuestra sociedad o la sección de sociales, que ensalza los sueños de una clase media poblana con pretensiones aristocráticas.
Ignorados por los periódicos locales quedan los eventos cotidianos; las vidas de centenares de miles de personas que hacen de Puebla su hogar y que viven hechos interesantes desconocidos por la prensa.
Las vidas de la gran mayoría no son consideradas importantes para el estudio del desenvolvimiento de un tipo particular de poder que se maneja en la cúpula y que de acuerdo a las hipótesis de los que saben, se encuentra concentrada en manos de los políticos.
Esta visión de entendernos culturalmente a través del estudio de la política se podría considerar miope, pero tiene una lógica que se justifica por la historia y tradición angelopolitana; Puebla es una ciudad que posee una mentalidad cortesana heredada de nuestro pasado colonial.
El análisis de los patricios en nuestra ciudad implica que las personas vivimos bajo un sistema que se estructura como una corte bajo el cobijo de un político que requiere la centralización del poder en su persona para su conveniencia y en teoría la de sus representados.
En el sistema cortesano los súbditos deben rendir pleitesía y muestras de inferioridad constantemente para reforzar el poder del individuo que ostenta el cargo para el beneficio del sistema político.
Esta mentalidad que se introdujo al mundo de habla hispana cuando arribó el nieto de Luis XIV a reinar en Madrid a partir de 1700, ha implicado que otros aspectos de la sociedad sean puestos de lado y--si no están relacionados con la corte--sean considerados como “no importantes”, ya que lo que si tiene valor es el gusto o capricho de la persona en el poder y sus seguidores.
Hoy pongamos estas consideraciones a un lado y analicemos la vida de dos jóvenes que no son parte de esa elite del poder político que nos obsesiona en los medios, pero que quieren hacer de nuestra ciudad un lugar mejor a partir de un cambio de paradigma.
Tal vez no estamos conscientes de que en nuestra urbe hay fundaciones y agrupaciones que quieren hacer un lugar mejor para las personas o animales que habitan en la mancha urbana.
La mitología que se tejió en torno al gobierno durante el siglo XX nos aseguró que como mexicanos, el Estado se haría cargo de la administración de nuestro bienestar.
Esta promesa se comprobó hueca en la matanza de Tlatelolco y el terremoto del 85, donde se mostró la ineptitud de los dirigentes nacionales para encausar el sentimiento y la ayuda al pueblo mexicano, dando nacimiento a grupos civiles que tratan de llenar los huecos que el Estado mexicano no puede satisfacer.
En días pasados tuve la oportunidad de entrevistar a Roberto Cid Torres y Alex Guyot Carrillo estudiantes de tercer semestre de la licenciatura de Derecho en la Ibero Golfo-Centro.
Ambos han decidido formar una fundación altruista con la finalidad de mejorar lo que ellos perciben como los problemas sociales que no atiende el gobierno mexicano.
Es refrescante hablar con muchachos que comienzan apenas su década del veinte, y que tienen ganas y deseos de mejorar al país.
Su edad les da una visión idealizada de las posibilidades que ofrece el futuro para México y para su generación.
Lo que Roberto y Alex decidieron hacer a su corta edad fue crear una fundación que analice y desarrolle programas que ayuden a mejorar la vida de ciertas comunidades en la ciudad.
A partir de este momento les cedo la palabra para entender qué los motiva a buscar un cambio social.
Ambos afirman que hay carencias dentro de la política social que realiza el gobierno y afirman que está rebasado; el Estado no puede abarcar ni solucionar todos los problemas que ocurren en nuestra entidad, menos aún si la sociedad no se involucra organizadamente.
Ambos —estudiantes de la universidad jesuita— asumen que como ciudadanos tenemos un deber: el de mejorar la calidad de vida de las personas y desde su perspectiva particular, están haciéndolo con los jóvenes de su edad.
La primera labor que plantea la fundación de estos jóvenes es dar conferencias que tratan un asunto un tanto polémico de nuestra sociedad: las relaciones sexuales en jóvenes y las consecuencias de no protegerse en el curso de esas relaciones íntimas.
El tema que podríamos considerar controvertido para los alumnos de una institución que es Católica antes que Jesuita, trata de subsanar uno de los temas que ellos ven problemático en nuestra sociedad, lo embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual.
El planteamiento es interesante ya que se asume que los adolescentes y las personas en la primera mitad de la década del veinte vivirán una vida sexual que debe ser asumida con responsabilidad.
Ellos creen que a través del conocimiento impartido tienen mayores posibilidades de incidir de manera positiva en la vida de sus contemporáneos y prevenir los posibles males de no ejercer una sexualidad responsable.
La fundación apenas comienza a explorar distintos rubros en los que puede insertarse para mejorar aquellas situaciones que ven como problemáticas; los dos jóvenes hablan también tratar el bullying y ofrecer asesoría jurídica a sus contemporáneos en un futuro próximo.
Su deseo es que el México en el que les toque vivir y desarrollarse sea un lugar mejor del que ven en la actualidad como los afirma su slogan “Haciendo nuestro deber, encontraremos el camino hacia el éxito” palabras que afirman que un cambio positivo para Puebla puede ser posible.