Opinión

Disyuntivas históricas: Las Cortes de Cádiz

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Cuando pensamos en el pasado se nos presenta un escenario monolítico e inamovible… los sucesos que ocurrieron no pueden cambiarse y parecen permanecer estáticos en el imaginario colectivo.

Lo que se transforma es el razonamiento que se aplica para explicar los hechos ocurridos. Este varía dependiendo de la época y el pensamiento que se vive al momento de la reinterpretación de los hechos.

Así pues no es lo mismo describir al porfiriato (1876-1880, 1884-1911) a través del lente del marxismo, que a través de las políticas neoliberales que se han impuesto en nuestro país desde la década del 90.

Una de los temas interesantes de la historia es los hubieras: ¿qué hubiera pasado sí...? Como ejercicio creo que todos practicamos la reflexión de lo que hubiera podido ocurrir si nosotros o las circunstancias hubieran tomado distintos derroteros.

En el mes patrio propongo que analicemos un hubiera en la historia de nuestra nación.

Una de las preguntas que debemos hacernos como poblanos es por qué nuestros antepasados en la intendencia de Puebla no participaron activamente en la contienda por la independencia de la Nueva España, algo que sí ocurrió en el Bajío.

Podemos hablar de personajes poblanos como los Sesma de Ciudad Serdán (la otrora San Andrés) Chalchicomula, y una lista de hombres que participaron con Morelos en su particular guerra de independencia, pero la lista no es muy larga lo que nos obliga a preguntarnos ¿por qué no hubo mayor participación de poblanos en la insurgencia (1811-1816)?

Sabemos que Morelos expandió el territorio de los Insurgentes por distintas regiones del sur del actual estado de Puebla, ¿pero que hicieron los capitalinos en esos momentos de la independencia?

Aquí es donde entra él hubiera… en los momentos en que la historiografía popular nos informa que los súbditos de la Corona española se estaban rebelando en contra de la “tiranía española” y que muchos hombres (las mujeres, indígenas y esclavos quedaban excluidos de estos procesos, a menos que fungieran como soporte para las aspiraciones de los varones, ya fueran mestizos o criollos) luchaban por la independencia, la realidad era distinta en muchas regiones del virreinato.

Hasta 1814 las colonias americanas se rebelaron contra la imposición de José Bonaparte (1808-13), hermano mayor de Napoleón el Grande como Rey de España y de las Indias Occidentales.

La rebelión técnicamente estaba encaminado a apoyar que regresara al trono Fernando VII “El Deseado” (1808, 1814-1833) al trono.

En América hubo dos proyectos para mantener unidos a los Virreinatos americanos en lo que el monarca borbónico retornaba a Madrid:

Uno de ellos fue que la hermana mayor de Fernando VII, Carlota Joaquina Reyna de Portugal y del Brasil (1778-1830), ocupara una regencia en nombre de su hermano en lo que este regresaba el trono. Este proyecto tuvo más apoyo en la actual Argentina, pero finalmente no se concretó nada al respecto.

El otro plan fue el de afirmar que una vez que el soberano ya no detentaba el poder, se podía regresar a las leyes originales de los reinos de Castilla y Aragón medievales, en los que las Cortes de los distintos reinos administrarían los territorios de la Corona a falta de soberano.

Este último proyecto fue por el que apostaron las elites de Puebla.

Se convocaron cortes en el puerto de Cádiz con la finalidad de establecer una forma de gobierno que representara a la metrópoli y a las colonias americanas.

La finalidad era mantener unidos los territorios y al mismo tiempo se dejó de lado el pensamiento medieval de las mismas y se constituyeron como un cuerpo facultado para erigir leyes y hasta una constitución-- la de 1812--, que fue bastante radical para la época.

Uno de los personajes que destacó en aquellas cortes fue el Obispo de Puebla Don Antonio Joaquín Pérez Martínez, originario de la capital poblana.

Su historial no deja de sorprender por el apoyo que dio a los liberales dentro de las cortes gaditanas: apoyó la abolición de la Inquisición, también estuvo a favor de la libertad de prensa y se manifestó a favor de mayores libertades locales dentro del marco del imperio español. Esto sería casi impensable hoy en día

Su liberalismo duró pocos años y posteriormente pasó al bando absolutista, lo que le ganó el puesto de obispo poblano cuando Fernando VII regresó al poder.

Finalmente el Obispo apoyó la independencia de México, pero del lado conservador.

Tenía la esperanza de que Fernando VII o algún pariente suyo viniera a reinar a México en el momento en el que obligaban a Fernando VII a jurar la constitución de Cádiz.

El obispo poblano representaba la voluntad de una parte de las elites poblanas de esa Nueva España de comienzos del siglo XIX: deseaban mayor libertad de España, pero bajo un régimen conservador y dentro del marco de un imperio español revitalizado.

Como sabemos, esa historia no ocurrió y para 1821 era un hecho, para nosotros patente, que el imperio español de la América continental desaparecía irremediablemente.

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