Querido Lector, en medio de los problemas que han ocurrido esta semana—bajas en diversas bolsas mundiales así como un incremento y posterior descenso del valor del dólar respecto a nuestra divisa—en las noticias internacionales, no dejaron de circular las notas que involucran al precandidato presidencial del partido Republicano de Estados Unidos, Donald Trump.
Las declaraciones desafortunadas de Trump sobre los mexicanos en Estados Unidos, provocaron que unos hermanos de nombres Steven y Scott Leader se orinaran y golpearan con una barra metálica a un hombre mexicano de 58 años que dormía en una terminal del subterráneo en la ciudad de Boston.
Después de su arresto por el crimen que cometieron contra nuestro compatriota, Scott Leader afirmó: “Donald Trump tenía razón; todos los ilegales deben ser deportados.”
Días después en el estado de Iowa en una rueda de prensa, Trump expulsó al periodista México-americano Jorge Ramos de la reunión en la que estaba respondiendo a una serie de preguntas.
Cuando lo echaron, Trump le espetó a Ramos: “¡Regresa a Univisión !”
Mientras Ramos esperaba afuera de la conferencia, un hombre con una estampa de “Trump” en la playera le dijo a Ramos que se “saliera de su país,” a pesar de que Ramos también tiene la ciudadanía estadounidense.
Las declaraciones de Trump y su seguidor reflejan la opinión de una parte de la ciudadanía blanca de Estados Unidos.
Aclaramos, no todos piensan así, pero los que están de acuerdo con la ideología de Trump se sienten con derecho de criticar a los ciudadanos hispanos de los Estados Unidos por no tener derecho a vivir ahí alegando argumentos históricos, y es a ese grupo de personas a las que queremos presentar las siguientes premisas.
Justo hoy, viernes 28 de agosto se celebra la fundación de la primera ciudad de Estados Unidos, la villa de San Agustín en Florida: esta ciudad fue fundada por españoles que establecieron la primera provincia de un país europeo en tierras que hoy son estadounidenses.
De acuerdo al Tratado de Tordesillas, avalado por el Papa Alejandro VI (de pésima memoria), el continente que se estaba explorando quedaría repartido entre dos reinos: Portugal y Castilla.
Los territorios a los que pertenece Estados Unidos pertenecían al reino español de acuerdo al derecho internacional que existía en ese momento.
Los ingleses y franceses que llegaron a conquistar y colonizar distintas porciones de lo que ahora es Estados Unidos, en teoría estaban quebrantando la decisión del pontífice que tenía la facultad de otorgar los territorios inexplorados y que caían bajo su potestad.
La decisión alejandrina fue injusta, después de todo ¿quién era él para determinar la vida de los millones de indígenas del hemisferio occidental y colocarlos bajo la potestad de los reyes ibéricos? La protesta se dejó escuchar no en la actual América, sino en Francia donde el Rey Francisco I reclamó que “quería ver el testamento de Adán para constatar que Portugal y España les tocaban” los territorios americanos.
En esta instancia podríamos alegar que los ancestros ingleses de los estadounidenses que rechazan a los mexicanos operaron de manera ilegal al establecerse en territorios que teóricamente eran españoles.
Los españoles se establecieron en Florida y también colocaron misiones católicas en Georgia, antes de que llegaran los primeros ingleses a Jamestown en 1607.
Los españoles y sus aliados tlaxcaltecas conquistaron y se asentaron en territorios de Nuevo México en 1598, mientras que los padres peregrinos no desembarcaron en Plymouth hasta 1620.
Los españoles controlaron los territorios de Arizona, Texas y California pero también tuvieron posesión de todos los territorios al oeste del río Mississippi de 1763 a 1800.
Durante el tiempo que estuvieron en lo que entonces se conocía como la Capitanía General de la Luisiana, animaron a los colonos de Kentucky y Tennessee a independizarse del gobierno de Washington y a convertirse en súbditos españoles, algo que casi lograron.
En el estado de Washington los españoles establecieron algunas bases para reclamar un territorio que también querían el reino de Inglaterra y el imperio ruso.
Con el tratado de Adams-Oñís de 1819, España renunció a los territorios de Florida y a los derechos sobre el noroeste Pacífico de Estados Unidos, fijando las fronteras de México hasta el Tratado de Guadalupe-Hidalgo de 1848.
Este recuento de la presencia española en diversos territorios estadunidenses (y tlaxcalteca en Nuevo México), nos sirve para reflexionar que antes de que llegaran los ingleses, el primer idioma europeo que se escuchó en el actual Estados Unidos fue el castellano y la primera religión que se practicó fue la católica.
Esto es significante porque el primer Thanksgiving o día de acción de gracias, no fue hecha por los Padres Peregrinos en Massachusetts en 1621, sino que fueron los españoles en Florida quienes lo hicieron cincuenta y seis años antes que lo hicieran los Peregrinos, el 8 de septiembre de 1565.
Los estadounidenses blancos que se precian de ser poseedores de su país y de la verdad histórica de sus ancestros, se rehúsan a considerar que los datos que arrojan sobre su posesión del territorio americano está fundamentado en una versión de la historia que es inexacta.
Uno de los problemas a los que podemos adscribir esta ignorancia se basa en la creencia del americano promedio de que hay una inocencia en torno a sus acciones.
Esta ingenuidad histórica los desvincula de los errores del pasado y les da teóricamente el derecho de quejarse de los cambios que actualmente ocurren en su país pero como puede constatar el lector, cuando se confronta la actualidad con la realidad histórica podemos constatar que los ciudadanos hispanos en Estados Unidos tienen tanto derecho histórico a estar ahí como el más blanco de los americanos, ya que los territorios estadounidenses de acuerdo al derecho europeo del siglo XVI fueron parte de la Corona española antes de la llegada de los ingleses y diversos territorios fueron explorados, conquistados y colonizados por súbditos hispanos que le dieron legitimidad a los reclamos españoles hasta la independencia Mexicana de 1821.