Opinión

Cuestionamientos sobre la adopción gay

Querido Lector, ¿está Usted consciente que en la actualidad vive una guerra? ¿Sabía que a esta guerra se le ha llamado, en Estados Unidos y Europa, “La guerra de la cultura”? Si no lo sabe, permítame ahondar en el tema.

Durante la década de 1980 el mundo anglosajón (léanse EEUU, Gran Bretaña y Canadá) vivió una crisis de valores.

En esa crisis, comenzó a surgir la noción de que las promesas que había hecho los dirigentes y creadores de la ideología del mundo moderno —avances tecnológicos aparejados con avances sociales e ideológicos— no se cumplirían.

El modelo de la modernidad entró en dificultades debido a los conflictos petroleros que se vivieron en el 70 y las presidencias conservadores de corte neo-liberal de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en la década del 80.

¿Esto qué significa para los poblanos?

Los académicos, políticos y ciudadanos normales asumían que el tiempo era una línea con un comienzo y un porvenir que cada vez sería mejor que el pasado.

Se pensaba que la vida siempre mejoraría, que los seres humanos también avanzarían, pareciéndose cada generación a los seres racionales que se especuló durante la Ilustración del siglo XVIII, llegaríamos a ser.

Lo que faltaba para ser mejores era más educación impartida a todas las clases sociales.

Esa era la solución para lograr que los seres humanos llegaran a emplear toda la racionalidad de la que eran capaces de empuñar.

Este modelo de pensamiento aún subsiste en una gran parte de la clase media mexicana, donde se asume que la educación nos brinda herramientas para desarrollar la razón.

El problema de este modelo es que no se sostuvo ni se ha sostenido con el paso del tiempo, ya que los seres humanos no son más racionales.

Reflexionemos sobre qué tan racional es el hombre o la mujer.

Si Usted aplica un cuestionario a cualquiera de los dos a las 8:00 de la mañana, o a las 9:00 de la noche, asume que las respuestas serían las mismas si los seres humanos somos racionales.

La realidad es que las respuestas variarán dependiendo de algunos factores como estado de ánimo y salud del que responde.

Otra más que reflexionar: ¿cuántas veces ha comenzado una dieta o conoce a alguien que la ha hecho, para fracasar en un tiempo determinado? Si somos racionales, lo lógico sería controlar el insumo de calorías durante el tiempo determinado para llegar al peso que deseamos.

Eso es razonable, pero ¿por qué es casi imposible? ¿Por qué hay tanta gente que avienta la toalla y abandona la dieta o por qué bajan de peso, y muchos vuelven a subir los kilos perdidos?

La respuesta simple sería por las emociones.

Las emociones rigen nuestro estado de ánimo y colorean la manera en la que percibimos al mundo.

Platón afirmaba que la emoción y la razón son como caballos que jalan en lados opuestos.

En la “guerra de cultura,” de la que hablamos al principio del ensayo nos encontramos con que las emociones rigen la manera en la que queremos que se rija nuestro estado y también nuestro país.

“Las guerras de cultura” son los movimientos ideológicos que tratan de determinar cuáles políticas deben regir nuestras vidas y cuáles son las leyes que deben ser desechadas.

En las “guerras culturales” hay “problemas” sobre cuáles son los derechos que se le permiten a los ciudadanos tener y cuáles no en torno a la sexualidad.

Dos temas polémicos—aunque hay más--, son la adopción gay y el aborto.

Enfoquémonos en el primero: La Suprema Corte de Justicia avaló que parejas homosexuales de México puedan adoptar .

El tema es controvertido: la noción de que dos mujeres adopten o tengan bebés no es tan chocante como el que dos varones adopten hijos.

Analizando a fondo el por qué se están rasgando las vestiduras los grupos conservadores, debemos preguntarnos si sus argumentos realmente están sustentados por la razón y la Biblia, como afirman, o si están amparados más bien por los argumentos de filósofos griegos que veían en la relaciones sexuales sólo un fin utilitario destinado a la reproducción.

Reflexionemos: los conservadores arguyen que los seres humanos somos racionales y si no lo somos debemos voltear hacia la fe cristiana para encontrar diques que contengan nuestro instinto animal. Esto para ellos es razonable.

Los homosexuales para los conservadores, son personas que no se controlan… ellos permiten que su esencia animal, sea más fuerte que la parte racional, porque se definen por sostener relaciones sexuales por diversión—ya que no habrá hijos que nazcan de estas uniones.

Si ellos son así, de acuerdo a la lógica conservadora, el temor es que no saben cómo poner límites en ningún sentido.

¿Está de acuerdo con las connotaciones del argumento que acabo de describir? ¿Es racional o es más emocional?

Si Usted cuestiona la veracidad de los Evangelios, pensará que el argumento conservador es más emocional, y la Suprema Corte de Justicia estaría de acuerdo con su juicio.

Por ello han determinado que los argumentos de los conservadores no son racionales y sus miedos no reflejan la realidad que ellos argumentan.

Ahora lo interesante será el debate que ocurra en Puebla, cuando un matrimonio de hombres decida aplicar la ley ante el DIF estatal.

Contacto: alfonsogomezrossi@gmail.com