Querido Lector, ¿no se ha topado con personas que afirman que el pasado fue mejor porque había más moral? Que lo acaecido en otro tiempo fue idóneo porque la gente era más buena (la mayoría mexicana vivía en el campo y no tenía muchas opciones de escoger estilos de vida alternativos en la vida bucólica) y las personas se casaban, tenían hijos a los que cuidaron y educaron con esmero.
En ese régimen familiar que añoran los conservadores se encuentra según los ellos mismos, el bienestar social que tanta falta hace, porque afirman que en la actualidad vivimos una crisis de valores.
Esta crisis de valores surge a partir de una cultura hedonista en la que el placer tiene primacía sobre el gozo que pueda crear un sacrificio de deseos generalizado.
Se sorprenderían de saber que hablar así es producto de un sueño rosa que muestra un deseo de auto engañarse con la reflexión de que el pasado fue mejor en cuanto a las prendas morales de nuestros bisabuelos.
Generalmente entre los elementos conservadores de la población ciertas ideologías como las que promueven el movimiento feminista—“esas mujeres que lucharon por sus derechos y ahora les va peor porque los hombres no las toman en serio”—y el gay—“¿ahora por qué hay tantos gays?” son el problema de la cultura hedonista que nos rodea. Los movimientos que tienen como trasfondo el transformar el esquema del régimen familiar son problemáticos para ellos y ambos movimientos van de la mano.
Sin la liberación de las mujeres no existiría la liberación gay. En México se entendía que el homosexual era aquel hombre biológico que anhelaba ser mujer y en el caso de la mujer se invertía la formula.
El homosexual era tan despreciable para el machismo mexicano que era válido despreciar a aquellos hombres que no cumplían con los estándares de masculinidad corrientes, pero hay excepciones en el deprecio por los homosexuales, y uno de estos ejemplos fue la aceptación de la que gozó Salvador Novo.
El 30 de julio de 1904 nació en la ciudad de México el poeta, culturalista, gastrónomo, cronista de la ciudad de México, encargado del departamento de publicidad de la Secretaría de Relaciones exteriores, personaje de la vida intelectual mexicana y uno de los dos homosexuales más reconocidos de la sociedad mexicana en el siglo XX, Salvador Novo (el otro gay reconocido en el siglo pasado fue Carlos Monsiváis) y uno de los cinco escritores más prolíficos del siglo XX (Usted puede escoger los otros cuatro).
Salvador Novo salió del closet en una época en la que ser homosexual era peor que ser asesino y aun así la aceptación pública de la que gozó en las altas esferas del poder (léase el régimen priista mexicano del siglo XX), que aunque se burlaban de su preferencia por soldados rasos y taxistas, logró el reconocimiento público por la gran cultura que poseía y compartía.
El aniversario del nacimiento de Novo nos puede servir para reflexionar que en México la homosexualidad como categoría emergió casi al mismo tiempo en el que nació Novo, ya que tres años antes de su nacimiento ocurrió la redada en el conocido “Baile de los 41.
Para el lector que no lo sepa los periódicos de la época informaron que en la calle de La Paz en la ciudad de México un policía vio movimientos que le parecieron raros en torno a una casa donde se llevaba a cabo un baile.
Se llevó a cabo una redada y se descubrió que todos ellos eran hombres pero veintiuno iban vestidos de mujer. El escándalo que generó la redada tuvo como consecuencia presentar en el ámbito del conocimiento urbano la figura del homosexual.
Salvador Novo entre sus muchas prendas nos dejó una autobiografía titulada “La estatua de sal” en la que nos habla con candor sobre la vida homosexual de México en la década del 20.
Nos relata sus experiencias con hombres mayores que él, de su experimentación con las drogas recreativas, su relación distante con el padre y estrecha con su madre.
Nos informa que ese México ideal que añoran los conservadores no existió más que en la imaginación de aquellas personas y nos presenta a un México menos idealizado y más cercano a la realidad.
Novo es importante para la comunidad gay, ya que a diferencia de otros grupos que han sido discriminados, y que transmitían la información histórica de padres a hijos, la comunidad gay, lo que se sabe del pasado de hombres y mujeres homosexuales sólo se aprende a través de las pocas crónicas que dejan los gays a través de sus escritos.
Novo abrió el panorama para comprender que existía una cultura urbana homosexual que era conocida en México y que hubiera sido olvidada sino fuera por el valor de Novo de escribir sobre ella.