El Gobierno de Estados Unidos amplió los criterios médicos que pueden impedir la aprobación de una visa de inmigrante. La nueva disposición establece que los solicitantes con problemas de salud, como obesidad, diabetes o hipertensión, podrían ser considerados una carga pública y, por tanto, inelegibles para residir en el país.
De acuerdo con KFF Health News, el Departamento de Estado instruyó a sus consulados a valorar la condición médica de cada solicitante antes de emitir una visa.
El documento oficial detalla que se deberá analizar si el individuo cuenta con los recursos económicos necesarios para cubrir tratamientos o medicinas sin recurrir a servicios públicos.
Las autoridades consulares también deberán evaluar la edad y el estado de salud de los familiares directos, incluidos hijos y padres mayores.
El objetivo es anticipar cualquier dependencia futura del sistema de asistencia social estadounidense.
Aunque las revisiones médicas forman parte del proceso migratorio desde hace décadas, esta nueva directriz amplía el alcance de los exámenes y refuerza la política de limitar el acceso a personas que puedan generar gastos sanitarios al Estado.
Entre las condiciones que ahora se consideran relevantes figuran la obesidad severa, la apnea del sueño, el asma crónico y otras enfermedades que requieren atención médica prolongada.
Los consulados deberán documentar cada caso y justificar la negativa en función del riesgo potencial de gasto público.
Esta medida reactiva parte de la política implementada durante el primer mandato de Donald Trump, orientada a reducir el número de inmigrantes que no puedan sostenerse económicamente en el país.
Con su reintroducción, Estados Unidos endurece nuevamente su enfoque sobre la salud y viabilidad económica de los solicitantes. (LV)